La oración no es una técnica, pero ayuda contar con métodos sencillos para empezar y perseverar. Aquí van tres caminos clásicos accesibles para cualquier persona.

El examen ignaciano

San Ignacio propone cinco pasos al final del día: dar gracias, pedir luz, repasar, pedir perdón y proponer.

La oración del peregrino ruso

“Señor Jesucristo, ten piedad de mí”. Una frase corta que acompaña el ritmo de la respiración y se hace oración constante.

Lectio divina breve

Bastan diez minutos: lees un pasaje del evangelio del día, lo meditas y respondes con una pequeña oración.