La revelación de Dios es la libre decisión por la que Dios se da a conocer al hombre y le abre su propia intimidad. Este artículo explica, con el Catecismo en la mano, qué es, por qué etapas se desarrolla y por qué Cristo es su plenitud.
¿Qué es la revelación de Dios según el Catecismo?
La revelación de Dios es el acto libre por el que Dios se manifiesta y se entrega al hombre, dándole a conocer su misterio. No es fruto del esfuerzo humano, sino un don gratuito que supera lo que la sola razón puede alcanzar.
El Catecismo lo distingue con claridad del conocimiento natural. Junto al saber al que llega la razón, existe «otro orden de conocimiento que el hombre no puede de ningún modo alcanzar por sus propias fuerzas, el de la Revelación divina» (CIC 50). Por una decisión enteramente libre, Dios se revela y se da al hombre.
Ese darse no es abstracto: Dios revela su designio benevolente, establecido desde la eternidad en Cristo a favor de todos los hombres. Así, la revelación de Dios culmina en el envío del Hijo amado y del Espíritu Santo.
Quien desee profundizar en cómo nos llega hoy ese don puede leer también nuestra guía sobre la Tradición apostólica y la transmisión de la fe.
¿Por qué se revela Dios al hombre?
Dios se revela por amor, para comunicar su propia vida divina y hacer al hombre capaz de conocerle y amarle. La iniciativa es enteramente suya y busca el bien del hombre.
El Catecismo recoge la enseñanza del Concilio Vaticano II: «Dispuso Dios en su sabiduría revelarse a sí mismo y dar a conocer el misterio de su voluntad, mediante el cual los hombres, por medio de Cristo, Verbo encarnado, tienen acceso al Padre en el Espíritu Santo y se hacen consortes de la naturaleza divina» (CIC 51).
Dios, que «habita una luz inaccesible» (CIC 52), quiere comunicar su vida a los hombres para hacer de ellos, en su Hijo único, hijos adoptivos. Al revelarse, los capacita para responderle más allá de sus propias fuerzas.
Por eso la revelación de Dios se realiza a la vez «mediante acciones y palabras» íntimamente ligadas entre sí, según una verdadera «pedagogía divina» (CIC 53). Dios se comunica gradualmente y prepara al hombre por etapas.
¿Cuáles son las etapas de la revelación de Dios?
La revelación de Dios se despliega por etapas: desde la creación y los primeros padres, pasando por las alianzas con Noé y con Abraham, hasta la formación del pueblo de Israel. Cada paso prepara la venida de Cristo.
Desde el origen, Dios se da a conocer. Tras la caída, esta revelación no se interrumpió: Dios «alentó en ellos la esperanza de la salvación con la promesa de la redención» y «tuvo incesante cuidado del género humano» (CIC 55).
A partir de ahí, Dios conduce a la humanidad por una serie de alianzas:
- La alianza con Noé: expresa la Economía divina con todas las naciones y «permanece en vigor mientras dura el tiempo de las naciones» (CIC 58).
- La elección de Abraham: Dios lo llama para hacer de él «el padre de una multitud de naciones», de modo que en él «serán benditas todas las naciones de la tierra» (CIC 59).
- La formación de Israel: tras los patriarcas, Dios constituye a Israel como su pueblo, le da la Ley por medio de Moisés y lo forma por los profetas en la esperanza de la salvación.
De este modo, la revelación de Dios avanza como una historia de salvación que apunta hacia su cumplimiento definitivo.
¿Por qué Cristo es la plenitud de la Revelación?
Cristo es la plenitud de la Revelación porque en él Dios ha dicho todo: es la Palabra única, perfecta e insuperable del Padre. Después de él no cabe esperar ninguna palabra nueva.
El Catecismo lo fundamenta en la Escritura: «Muchas veces y de muchos modos habló Dios en el pasado a nuestros padres por medio de los profetas; en estos últimos tiempos nos ha hablado por su Hijo» (CIC 65). En Cristo, el Hijo de Dios hecho hombre, el Padre lo dice todo de una sola vez.
San Juan de la Cruz lo expresa con fuerza: en darnos a su Hijo, que es una Palabra suya, «todo nos lo habló junto y de una vez en esta sola Palabra» (CIC 65). Quien quisiera pedir otra visión o revelación no solo obraría con necedad, sino que haría agravio a Dios.
Para conocer mejor a quien es el centro de toda la revelación de Dios, puedes consultar nuestra guía sobre quién es Jesucristo según el Catecismo.
¿Habrá otra revelación pública después de Cristo?
No habrá ninguna otra revelación pública después de Cristo. La economía cristiana es la alianza nueva y definitiva, y solo resta aguardar la gloriosa manifestación del Señor.
El Catecismo es tajante al respecto: «La economía cristiana, como alianza nueva y definitiva, nunca pasará; ni hay que esperar otra revelación pública antes de la gloriosa manifestación de nuestro Señor Jesucristo» (CIC 66).
Esto no significa que todo esté ya desplegado. Aunque la Revelación esté acabada, «no está completamente explicitada»: corresponde a la fe cristiana comprender gradualmente todo su contenido a lo largo de los siglos (CIC 66).
Puedes leer el texto íntegro de estos párrafos en el artículo del Catecismo sobre la Revelación de Dios en el sitio oficial del Vaticano, con todas sus referencias.
| Párrafo | Idea principal |
|---|---|
| CIC 50 | La Revelación es un orden de conocimiento que el hombre no alcanza por sí solo. |
| CIC 51 | Dios dispone revelarse y dar a conocer el misterio de su voluntad. |
| CIC 53 | La Revelación se realiza mediante acciones y palabras, con pedagogía divina. |
| CIC 56-59 | Etapas: alianza con Noé y elección de Abraham, padre de las naciones. |
| CIC 65 | En Cristo, Palabra única del Padre, Dios lo ha dicho todo. |
| CIC 66 | No habrá otra revelación pública antes de la manifestación gloriosa de Cristo. |
¿Qué valor tienen las revelaciones privadas?
Las revelaciones privadas no pertenecen al depósito de la fe y no mejoran ni completan la Revelación de Cristo. Su única función es ayudar a vivirla más plenamente en una época concreta de la historia.
El Catecismo enseña que algunas de ellas han sido reconocidas por la autoridad de la Iglesia, pero que su papel no es «mejorar» ni «completar» la Revelación definitiva de Cristo (CIC 67). Guiado por el Magisterio, el sentir de los fieles discierne lo que en ellas constituye una llamada auténtica.
Por eso la fe cristiana no puede aceptar supuestas «revelaciones» que pretendan superar o corregir aquella de la que Cristo es la plenitud. En esto se distingue de ciertas religiones no cristianas y de algunas sectas recientes.
En definitiva, por amor Dios se ha revelado y entregado al hombre, dando «una respuesta definitiva y sobreabundante» a las preguntas sobre el sentido de su vida.
Preguntas frecuentes
¿Es lo mismo la revelación natural que la sobrenatural?
No. Por la razón natural el hombre puede conocer a Dios a partir de sus obras, pero la revelación sobrenatural es un don libre por el que Dios manifiesta su misterio íntimo, inaccesible a las solas fuerzas humanas.
¿Quién es el destinatario de la Revelación?
La Revelación se dirige a todos los hombres sin excepción. Dios establece desde la eternidad un designio de salvación en Cristo a favor de toda la humanidad, no solo de un pueblo o una época.
¿La Revelación ya está cerrada del todo?
La Revelación pública quedó concluida con Cristo y los apóstoles. No está, sin embargo, plenamente explicitada: la Iglesia profundiza en su contenido a lo largo de los siglos bajo la guía del Espíritu.
¿Qué papel tienen los profetas en la Revelación?
Los profetas forman al pueblo de Dios en la esperanza de la salvación y anuncian una Alianza nueva y eterna. Preparan así los corazones para recibir a Cristo, en quien Dios pronuncia su Palabra definitiva.
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