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El perdón de los pecados es una de las verdades más consoladoras del Credo, y aquí lo explicamos con el Catecismo en la mano. Verás de dónde viene este don, cómo lo ejerce la Iglesia y qué esperanza abre para cualquier pecador.

¿Qué significa creer en el perdón de los pecados?

Significa confesar que Cristo resucitado dio a su Iglesia el poder real de remitir las culpas. No es una idea abstracta, sino un don concreto confiado a los Apóstoles.

El Catecismo lo enuncia desde la Escritura: «El Símbolo de los Apóstoles vincula la fe en el perdón de los pecados a la fe en el Espíritu Santo, pero también a la fe en la Iglesia y en la comunión de los santos» (CIC 976). Al dar el Espíritu Santo a sus Apóstoles, «Cristo resucitado les confirió su propio poder divino de perdonar los pecados»: «A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados» (Jn 20, 22-23; cf. CIC 976).

El Resumen lo sintetiza así: «El Credo relaciona «el perdón de los pecados» con la profesión de fe en el Espíritu Santo» (CIC 984). Para situar esta verdad en el conjunto de la fe, lee también nuestra guía sobre el Espíritu Santo en la vida de la Iglesia.

¿Por qué el Bautismo es el primer sacramento del perdón?

Porque nos une a Cristo muerto y resucitado por nosotros. En él recibimos un perdón pleno y completo de toda culpa.

El Catecismo lo afirma: «El Bautismo es el primero y principal sacramento del perdón de los pecados porque nos une a Cristo muerto por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificación» (CIC 977). Fe y Bautismo van unidos desde el envío misionero de Cristo (cf. Mc 16, 15-16).

El Catecismo Romano describe la hondura de ese perdón bautismal: «En el momento en que hacemos nuestra primera profesión de fe, al recibir el santo Bautismo que nos purifica, es tan pleno y tan completo el perdón que recibimos, que no nos queda absolutamente nada por borrar» (CIC 978). Aun así, esa gracia «no libra a la persona de todas las debilidades de la naturaleza», y aún hemos de combatir la concupiscencia (CIC 978).

¿Cómo se perdonan los pecados cometidos después del Bautismo?

Por medio del sacramento de la Penitencia, en el que el bautizado se reconcilia con Dios y con la Iglesia. La remisión de las culpas no se agota, por tanto, en el Bautismo.

El Catecismo explica por qué hacía falta este camino: «Puesto que era necesario que, además de por razón del sacramento del bautismo, la Iglesia tuviera la potestad de perdonar los pecados, le fueron confiadas las llaves del Reino de los cielos, con las que pudiera perdonar los pecados de cualquier penitente, aunque pecase hasta el final de su vida» (CIC 979).

Por eso los Padres llamaron a la penitencia «un bautismo laborioso» (CIC 980). El Catecismo recoge la enseñanza del Concilio de Trento: para los que han caído después del Bautismo, «es necesario para la salvación este sacramento de la Penitencia, como lo es el Bautismo para quienes aún no han sido regenerados» (CIC 980). Puedes profundizar en este camino en nuestra guía sobre el sacramento de la Penitencia.

Párrafos clave del Catecismo sobre el perdón de los pecados
Párrafo Idea principal
CIC 976 Cristo resucitado confirió a sus Apóstoles el poder divino de perdonar con el Espíritu Santo.
CIC 977 El Bautismo es el primero y principal sacramento, pues nos une a Cristo muerto y resucitado.
CIC 979 A la Iglesia le fueron confiadas las llaves para perdonar a cualquier penitente.
CIC 980 Por el sacramento de la Penitencia el bautizado se reconcilia con Dios y con la Iglesia.
CIC 982 No hay ninguna falta, por grave que sea, que la Iglesia no pueda perdonar.
CIC 986 La Iglesia ejerce este poder en la Penitencia por medio de obispos y presbíteros.
CIC 987 Los sacerdotes y los sacramentos son instrumentos de Cristo, único autor de la salvación.

¿Qué es la potestad de las llaves que recibió la Iglesia?

Es el poder, recibido de Cristo, de remitir realmente los pecados y reconciliar al penitente con Dios. No se reduce a anunciar el perdón, sino a comunicarlo de verdad.

Cristo envió a los Apóstoles a predicar «la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones» (Lc 24, 47; cf. CIC 981). Ellos no cumplieron este «ministerio de la reconciliación» solo anunciando el perdón, «sino comunicándoles también la remisión de los pecados por el Bautismo y reconciliándolos con Dios y con la Iglesia gracias al poder de las llaves recibido de Cristo» (CIC 981).

San Agustín lo expresa con belleza al hablar de la Iglesia: «ha recibido las llaves del Reino de los cielos, a fin de que se realice en ella la remisión de los pecados por la sangre de Cristo y la acción del Espíritu Santo» (CIC 981). En esta Iglesia «es donde revive el alma, que estaba muerta por los pecados» (CIC 981).

¿Hay algún pecado que la Iglesia no pueda perdonar?

No: no hay ninguna falta, por grave que sea, que la Iglesia no pueda perdonar a quien se arrepiente de verdad. Las puertas del perdón están siempre abiertas para el que vuelve.

El Catecismo es rotundo: «No hay ninguna falta por grave que sea que la Iglesia no pueda perdonar» (CIC 982). Y añade, citando al Catecismo Romano: «No hay nadie, tan perverso y tan culpable que, si verdaderamente está arrepentido de sus pecados, no pueda contar con la esperanza cierta de perdón» (CIC 982).

Por eso Cristo, que ha muerto por todos, quiere que en su Iglesia «estén siempre abiertas las puertas del perdón a cualquiera que vuelva del pecado» (CIC 982; cf. Mt 18, 21-22). La catequesis avive así la fe en «la grandeza incomparable del don que Cristo resucitado ha hecho a su Iglesia: la misión y el poder de perdonar verdaderamente los pecados» (CIC 983).

¿Por qué intervienen los sacerdotes en el perdón?

Porque son instrumentos de Cristo, único autor del don, que quiso servirse de ellos para borrar nuestras culpas. El perdón viene de Dios y llega por el ministerio de la Iglesia.

El Resumen lo precisa: «Por voluntad de Cristo, la Iglesia posee el poder de perdonar los pecados de los bautizados y ella lo ejerce de forma habitual en el sacramento de la penitencia por medio de los obispos y de los presbíteros» (CIC 986). Es un don tan grande que, según san Juan Crisóstomo, Dios no lo dio «ni a los ángeles, ni a los arcángeles» (CIC 983).

El último párrafo lo deja claro: «los sacerdotes y los sacramentos son como instrumentos de los que quiere servirse nuestro Señor Jesucristo, único autor y dispensador de nuestra salvación, para borrar nuestras iniquidades» (CIC 987). El Bautismo, recuerda el Catecismo, «nos une a Cristo muerto y resucitado y nos da el Espíritu Santo» (CIC 985).

  • Único autor: Cristo es el «único autor y dispensador de nuestra salvación» (CIC 987).
  • Instrumentos vivos: los sacerdotes obran «en su nombre» (cf. CIC 983).
  • Don de la Iglesia: sin la remisión de los pecados «no habría ninguna esperanza» de vida eterna (CIC 983).

El texto completo de este artículo puede consultarse en el artículo del Catecismo sobre el perdón de los pecados en el sitio oficial del Vaticano.

Preguntas frecuentes

¿De dónde proceden las palabras «creo en el perdón de los pecados»?

Proceden del Símbolo de los Apóstoles, el Credo más antiguo de la Iglesia. En él la fe en este don se profesa junto a la del Espíritu Santo y la comunión de los santos.

¿Perdonar el pecado es lo mismo que reconciliar con la Iglesia?

Van unidos. Todo pecado hiere también a la comunidad de los creyentes, por lo que el perdón reconcilia al penitente a la vez con Dios y con la Iglesia.

¿Basta con pedir perdón a Dios directamente?

El arrepentimiento sincero es indispensable, pero Cristo quiso que las culpas graves se remitieran por el sacramento de la Penitencia. Así lo recibimos con certeza y no solo como esperanza incierta.

¿Qué significa que la penitencia es un «bautismo laborioso»?

Es una expresión de los Padres recogida por el Catecismo. Indica que la Penitencia restaura la gracia bautismal perdida, pero con el esfuerzo de la conversión y la contrición.

Si esta explicación sobre el perdón de los pecados te ha ayudado a comprender y vivir mejor este don, {{CTA}}

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