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El tercer mandamiento proclama la santidad del día del Señor, y este artículo lo explica con el Catecismo en la mano para resolver tus dudas. Verás qué manda, por qué el domingo sustituye al sábado y cómo santificar este día con un tono sereno y citas verbatim.

¿Qué es el tercer mandamiento según el Catecismo?

Es el precepto del Decálogo que consagra un día a Dios y a su culto. Para el pueblo de Israel se concretaba en la santidad del sábado, día de descanso reservado a la alabanza del Señor.

El Catecismo lo enuncia con sobriedad: «El tercer mandamiento del Decálogo proclama la santidad del sábado: “El día séptimo será día de descanso completo, consagrado al Señor” (Ex 31, 15)» (CIC 2168).

Así pues, el tercer mandamiento ordena el ritmo del tiempo en torno al culto debido a Dios. Para situarlo dentro del conjunto de la fe, conviene leer también nuestra guía sobre los diez mandamientos, de los que forma parte.

¿Por qué la Escritura asocia el sábado con la creación y la liberación?

Porque el descanso del séptimo día recuerda a la vez la obra creadora de Dios y la salida de Egipto. El sábado es, por tanto, memorial de la creación y signo de la alianza.

El Catecismo recoge ambos sentidos. Sobre la creación enseña: «Pues en seis días hizo el Señor el cielo y la tierra, el mar y todo cuanto contienen, y el séptimo descansó; por eso bendijo el Señor el día del sábado y lo hizo sagrado» (Ex 20, 11) (CIC 2169).

Sobre la liberación añade que la Escritura «ve también en el día del Señor un memorial de la liberación de Israel de la esclavitud de Egipto» (CIC 2170). Por eso Dios «confió a Israel el sábado para que lo guardara como signo de la alianza inquebrantable», quedando este día «santamente reservado a la alabanza de Dios» (CIC 2171). Es además «un día de protesta contra las servidumbres del trabajo y el culto al dinero» (CIC 2172).

¿Qué enseñó Jesús sobre el sábado?

Jesús nunca faltó a la santidad del sábado, pero dio de él la interpretación auténtica. Mostró que este día está al servicio del hombre y del bien, no al revés.

El Catecismo lo expone así: «El Evangelio relata numerosos incidentes en que Jesús fue acusado de quebrantar la ley del sábado. Pero Jesús nunca falta a la santidad de este día, sino que con autoridad da la interpretación auténtica de esta ley» (CIC 2173).

De labios del Señor brota el principio que ilumina todo el precepto: «El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado» (Mc 2, 27) (CIC 2173). Por eso «es lícito en sábado hacer el bien en vez del mal, salvar una vida en vez de destruirla» (Mc 3, 4), pues «el Hijo del hombre es Señor del sábado» (Mc 2, 28) (CIC 2173).

Párrafos clave del Catecismo sobre el tercer mandamiento
Párrafo Idea principal
CIC 2168 El tercer mandamiento proclama la santidad del sábado, día consagrado al Señor.
CIC 2173 Jesús da la interpretación auténtica: el sábado se instituyó para el hombre.
CIC 2174 Cristo resucitó el primer día de la semana, que para los cristianos es el domingo.
CIC 2175 El domingo realiza plenamente la verdad espiritual del sábado judío.
CIC 2177 La celebración dominical de la Eucaristía es fiesta primordial de precepto.
CIC 2180 Los fieles tienen obligación de participar en la misa los domingos y fiestas.
CIC 2184 La vida humana sigue un ritmo de trabajo y descanso, como la obra de Dios.

¿Por qué los cristianos celebran el domingo y no el sábado?

Porque Cristo resucitó el primer día de la semana, y ese día pasó a ser para los cristianos el día del Señor. El domingo no abole el tercer mandamiento, sino que lleva a plenitud su sentido.

El Catecismo enseña que «Jesús resucitó de entre los muertos “el primer día de la semana”», y que ese día, en cuanto «octavo día» que sigue al sábado, «significa la nueva creación inaugurada con la resurrección de Cristo» (CIC 2174). Por eso el domingo «se distingue expresamente del sábado, al que sucede cronológicamente cada semana, y cuya prescripción litúrgica reemplaza para los cristianos» (CIC 2175).

De este modo, el domingo «realiza plenamente, en la Pascua de Cristo, la verdad espiritual del sábado judío y anuncia el descanso eterno del hombre en Dios» (CIC 2175). La celebración del domingo cumple además «la prescripción moral, inscrita en el corazón del hombre, de dar a Dios un culto exterior, visible, público y regular» (CIC 2176).

¿Qué obligación impone el tercer mandamiento a los fieles el domingo?

El tercer mandamiento, precisado por la Iglesia, obliga a los fieles a participar en la misa los domingos y fiestas de precepto. La Eucaristía dominical es el corazón de toda la práctica cristiana.

El Catecismo recuerda la centralidad de este día: «El domingo, en el que se celebra el misterio pascual, por tradición apostólica, ha de observarse en toda la Iglesia como fiesta primordial de precepto» (CIC can. 1246 §1) (CIC 2177).

De ahí brota el precepto eclesial: «El domingo y las demás fiestas de precepto los fieles tienen obligación de participar en la misa» (CIC can. 1247) (CIC 2180). Por eso «los que deliberadamente faltan a esta obligación cometen un pecado grave» (CIC 2181), salvo que estén excusados «por una razón seria» o dispensados por su pastor. Participar en la Eucaristía dominical «es un testimonio de pertenencia y de fidelidad a Cristo y a su Iglesia» (CIC 2182). Puedes profundizar en este punto en nuestra guía sobre la Eucaristía dominical.

¿Por qué el domingo es también un día de descanso y de caridad?

Porque, a imagen del descanso de Dios en la creación, el domingo libera del trabajo para el culto, la familia y las obras de misericordia. Por eso este precepto ordena el domingo como tiempo de gracia y de solaz para todos.

El Catecismo lo fundamenta en la obra divina: «Así como Dios “cesó el día séptimo de toda la tarea que había hecho” (Gn 2,2), así también la vida humana sigue un ritmo de trabajo y descanso» (CIC 2184). Durante el domingo «los fieles se abstendrán de entregarse a trabajos o actividades que impidan el culto debido a Dios, la alegría propia del día del Señor, la práctica de las obras de misericordia, el descanso necesario del espíritu y del cuerpo» (CIC 2185).

Este descanso no es egoísta, sino abierto a los demás. Los cristianos «deben acordarse de sus hermanos que tienen las mismas necesidades y los mismos derechos y no pueden descansar a causa de la pobreza y la miseria» (CIC 2186). Por eso el domingo «está tradicionalmente consagrado por la piedad cristiana a obras buenas y a servicios humildes para con los enfermos, débiles y ancianos» (CIC 2186). El texto íntegro puede consultarse en el artículo del Catecismo sobre el tercer mandamiento en el sitio oficial del Vaticano.

Preguntas frecuentes

¿Cuál es el enunciado de este precepto en la Escritura?

«El día séptimo será día de descanso completo, consagrado al Señor» (Ex 31, 15). Es la fórmula con que la Escritura presenta este precepto del Decálogo.

¿Se puede cumplir el precepto dominical el sábado por la tarde?

Sí. Según el Catecismo, cumple el precepto quien asiste a la misa «tanto el día de la fiesta como el día anterior por la tarde», dondequiera que se celebre en un rito católico.

¿Qué hacer cuando no es posible asistir a misa?

Cuando falta el ministro u otra causa grave lo impide, el Catecismo recomienda participar en la liturgia de la palabra o «permanecer en oración durante un tiempo conveniente, solos o en familia».

¿El descanso dominical admite excepciones?

Sí. «Las necesidades familiares o una gran utilidad social constituyen excusas legítimas», aunque conviene cuidar que no se conviertan en hábitos perjudiciales a la religión, la familia y la salud.

Si esta explicación sobre el tercer mandamiento te ha ayudado a comprender y vivir mejor la santidad del día del Señor, {{CTA}}

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