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«Venga a nosotros tu reino» es la segunda petición del Padrenuestro, y este artículo explica con el Catecismo qué pedimos al decirla. Lo hace con citas verbatim de los números 2816-2821 y un tono sereno y reverente.

¿Qué significa «venga a nosotros tu reino» en el Padrenuestro?

Significa pedir la venida definitiva del Reino de Dios mediante el retorno de Cristo. No es un deseo vago, sino una súplica concreta que la Iglesia dirige a Dios cada día.

El Catecismo lo precisa así: «En la Oración del Señor, se trata principalmente de la venida final del Reino de Dios por medio del retorno de Cristo» (CIC 2818). Esa es la clave de toda la segunda petición.

Conviene además entender el sentido de la palabra original. El texto recuerda que «en el Nuevo Testamento, la palabra basileia se puede traducir por realeza (nombre abstracto), reino (nombre concreto) o reinado (de reinar, nombre de acción)» (CIC 2816). Para situar esta súplica dentro del conjunto, puede leerse nuestra guía sobre el sentido completo del Padrenuestro.

¿Qué es el Reino de Dios que pedimos que venga?

El Reino de Dios es Cristo mismo, que se aproxima en su persona y se consumará en la gloria. Por eso, al decir «venga a nosotros tu reino», pedimos en el fondo la plenitud de Cristo entre nosotros.

El Catecismo describe sus etapas: «El Reino de Dios es para nosotros lo más importante. Se aproxima en el Verbo encarnado, se anuncia a través de todo el Evangelio, llega en la muerte y la Resurrección de Cristo» (CIC 2816). Y añade que «adviene en la Última Cena y por la Eucaristía está entre nosotros», y «llegará en la gloria cuando Jesucristo lo devuelva a su Padre» (CIC 2816).

San Cipriano de Cartago lo lleva más lejos al identificar el Reino con la persona de Cristo. El Catecismo recoge su voz: «puede ser que el Reino de Dios signifique Cristo en persona, al cual llamamos con nuestras voces todos los días y de quien queremos apresurar su advenimiento por nuestra espera» (CIC 2816). Así, este Reino no es un sistema ni un lugar, sino el Señor que reina.

El Catecismo recuerda también su contenido, con palabras de san Pablo: «El Reino de Dios […] [es] justicia y paz y gozo en el Espíritu Santo» (Rm 14, 17; cf. CIC 2819). Pedir su venida es, por tanto, pedir esa justicia, esa paz y ese gozo.

¿Por qué esta petición es el grito «Ven, Señor Jesús»?

Porque expresa el anhelo de la Iglesia entera por el regreso de su Señor. La segunda petición recoge el clamor más antiguo de los cristianos.

El Catecismo lo afirma con claridad: «Esta petición es el Marana Tha, el grito del Espíritu y de la Esposa: «Ven, Señor Jesús»» (CIC 2817). Es la oración que brota del deseo de ver cumplidas todas las promesas.

Tertuliano explica por qué este anhelo es ineludible. El Catecismo cita su súplica, que une nuestra espera con la de los mártires: «Las almas de los mártires, bajo el altar, invocan al Señor con grandes gritos» (cf. Ap 6, 10), y concluye: «Señor, ¡apresura, pues, la venida de tu Reino!» (CIC 2817). Quien reza «venga a nosotros tu reino» se suma a ese clamor.

Párrafos clave del Catecismo sobre «venga a nosotros tu reino» (CIC 2816-2821)
Párrafo Idea principal
CIC 2816 El Reino de Dios se aproxima en el Verbo encarnado y llegará en la gloria; puede significar Cristo en persona.
CIC 2817 Esta petición es el Marana Tha, el grito «Ven, Señor Jesús».
CIC 2818 Se trata principalmente de la venida final del Reino por el retorno de Cristo, lo cual compromete a la Iglesia en su misión.
CIC 2819 El Reino es justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo; solo un corazón puro puede pedir de verdad su venida.
CIC 2820 Conviene distinguir, sin separar, el crecimiento del Reino y el progreso de la sociedad.
CIC 2821 La petición está sostenida en la oración de Jesús y es eficaz en la Eucaristía; su fruto es la vida según las Bienaventuranzas.

¿Qué pide de nosotros decir «venga a nosotros tu reino»?

Pide un corazón purificado, en el que el pecado ya no reine. La segunda petición no es solo espera, sino también conversión personal.

El Catecismo, citando a san Cirilo de Jerusalén, lo expresa con fuerza: «Solo un corazón puro puede decir con seguridad: «¡Venga a nosotros tu Reino!»» (CIC 2819). Y precisa el camino: «Que el pecado no reine ya en nuestro cuerpo mortal» (Rm 6, 12; cf. CIC 2819).

El mismo número recuerda el combate en que vivimos: «está entablado un combate decisivo entre «la carne» y el Espíritu» (CIC 2819). Por eso, pedir el Reino es comprometerse a dejar reinar a Dios en los propios pensamientos, palabras y acciones.

Quien aspira a este corazón nuevo encuentra ayuda en la vida de oración. Puede ser útil nuestra guía sobre cómo crecer en la oración cristiana para sostener esta súplica diaria.

¿Nos aparta esta petición del compromiso con el mundo?

No: lejos de apartarnos, esta petición compromete a la Iglesia en su misión. Esperar el Reino no significa desentenderse de la historia presente.

El Catecismo es explícito: «este deseo no distrae a la Iglesia de su misión en este mundo, más bien la compromete» (CIC 2818). Desde Pentecostés, «la venida del Reino es obra del Espíritu del Señor «a fin de santificar todas las cosas»» (CIC 2818).

Al mismo tiempo, hay que discernir. El texto pide distinguir «entre el crecimiento del Reino de Dios y el progreso de la cultura y la promoción de la sociedad», aunque advierte que «esta distinción no es una separación» (CIC 2820). La vocación a la vida eterna «no suprime, sino que refuerza» el deber de servir «a la justicia y a la paz» (CIC 2820).

¿Cómo se hace presente ya el Reino en la Eucaristía?

El Reino se hace presente y eficaz, de modo anticipado, en la Eucaristía. Lo que pedimos para el final ya actúa entre nosotros en el sacramento.

El Catecismo enseña que esta petición «está sostenida y escuchada en la oración de Jesús» y es «presente y eficaz en la Eucaristía» (CIC 2821). Por eso la liturgia es el lugar donde mejor brota el «venga a nosotros tu reino».

Y señala cuál es su efecto en la vida del creyente: «su fruto es la vida nueva según las Bienaventuranzas» (CIC 2821). Así, cada vez que la Iglesia celebra la Eucaristía, anticipa el banquete del Reino y se deja transformar por él. El texto completo de esta petición puede consultarse en el artículo del Catecismo sobre las peticiones del Padrenuestro en el sitio oficial del Vaticano.

Preguntas frecuentes

¿Es lo mismo el Reino de Dios que el Reino de los cielos?

Son dos expresiones equivalentes que designan la misma realidad: el reinado de Dios anunciado por Cristo. La diferencia es solo de vocabulario, no de contenido.

¿Qué significa la palabra «Marana Tha»?

Es una expresión aramea de los primeros cristianos que significa «Ven, Señor». El Catecismo la identifica con esta segunda petición como grito del Espíritu y de la Esposa.

¿Podemos «apresurar» la venida del Reino?

Sí, en el sentido de que nuestra oración y nuestra espera vigilante forman parte del plan de Dios. Por eso Tertuliano se atreve a decir: «Señor, ¡apresura, pues, la venida de tu Reino!».

¿En qué parte del Catecismo se explica esta petición?

Se encuentra en los números 2816 a 2821, dentro del artículo dedicado a las siete peticiones del Padrenuestro. Allí se desarrolla su sentido y sus frutos.

Si este recorrido por la oración «venga a nosotros tu reino» ha avivado tu deseo del Reino de Dios, {{CTA}}

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