«Hágase tu voluntad» es la tercera petición del Padrenuestro, y este artículo explica con el Catecismo qué pedimos al pronunciarla. Lo hace con citas verbatim de los números 2822-2827 y un tono sereno y reverente.
¿Qué significa «hágase tu voluntad» en el Padrenuestro?
Significa pedir que el designio de salvación de Dios se realice plenamente, en nosotros y en el mundo. No es resignación pasiva, sino adhesión amorosa al plan del Padre.
El Catecismo lo enseña a partir del mandamiento que resume toda la voluntad divina: la voluntad del Padre es «que todos los hombres […] se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad» (CIC 2822). Por eso, al decir «hágase tu voluntad», pedimos que ese deseo de salvación llegue a cumplirse.
El mismo número precisa su contenido concreto. El mandamiento «que resume todos los demás y que nos dice toda su voluntad es que «nos amemos los unos a los otros como él nos ha amado»» (CIC 2822). Para situarla dentro del conjunto, puede leerse nuestra guía sobre el sentido completo del Padrenuestro.
¿Cuál es la voluntad del Padre que pedimos cumplir?
Es su «benévolo designio» de reunir todo en Cristo, ya conocido por la fe. La tercera petición pide que ese plan eterno se realice de verdad en la historia.
El Catecismo lo expone con palabras de san Pablo: Dios nos ha dado a conocer «el Misterio de su voluntad según el benévolo designio que en Él se propuso de antemano […] hacer que todo tenga a Cristo por Cabeza» (CIC 2823). Pedir «hágase tu voluntad» es pedir que ese misterio se cumpla.
De ahí brota la insistencia de la súplica. El texto afirma: «Pedimos con insistencia que se realice plenamente este designio benévolo en la tierra como ya ocurre en el cielo» (CIC 2823). No pedimos una voluntad arbitraria, sino un proyecto de amor y de salvación.
¿Por qué Jesús es el modelo de esta petición?
Porque en Cristo la voluntad del Padre se cumplió perfectamente y de una vez para siempre. Él es quien enseña y hace posible esta entrega.
El Catecismo lo declara con claridad: «En Cristo, y por medio de su voluntad humana, la voluntad del Padre fue cumplida perfectamente y de una vez por todas» (CIC 2824). Por eso, al rezar «hágase tu voluntad», nos unimos a la entrega de Jesús.
El momento culminante de esa entrega es la agonía de Getsemaní. El texto recuerda que, en la oración de su agonía, Jesús «acoge totalmente esta Voluntad: «No se haga mi voluntad sino la tuya»» (CIC 2824; cf. Lc 22, 42). Esa frase es el corazón mismo de la tercera petición.
El Catecismo subraya además el carácter obediente de Cristo. Cita la Carta a los Hebreos: Jesús, «aun siendo Hijo, con lo que padeció, experimentó la obediencia» (CIC 2825; cf. Hb 5, 8). Si el Hijo aprendió obediencia, con cuánta más razón debemos aprenderla los que hemos llegado a ser hijos de adopción.
| Párrafo | Idea principal |
|---|---|
| CIC 2822 | La voluntad del Padre es que todos se salven; su mandamiento que la resume es amarnos unos a otros. |
| CIC 2823 | Pedimos que se realice plenamente en la tierra el benévolo designio de reunir todo en Cristo. |
| CIC 2824 | En Cristo la voluntad del Padre se cumplió perfectamente; en Getsemaní acoge: «No se haga mi voluntad sino la tuya». |
| CIC 2825 | Jesús experimentó la obediencia; pedimos unir nuestra voluntad a la de su Hijo para cumplir el designio de salvación. |
| CIC 2826 | Por la oración discernimos la voluntad de Dios y obtenemos constancia para cumplirla. |
| CIC 2827 | A quien cumple la voluntad de Dios, Él le escucha; tal es el poder de la oración de la Iglesia, sobre todo en la Eucaristía. |
¿Qué quiere decir «en la tierra como en el cielo»?
Quiere decir que pedimos que la voluntad de Dios reine en el mundo como ya reina en su presencia. No es una petición individualista, sino universal.
El Catecismo recoge a san Juan Crisóstomo, que comenta cómo Jesús ordena rezar «universalmente por toda la tierra». No dice «»Que tu voluntad se haga» en mí o en vosotros «sino en toda la tierra»: para que el error sea desterrado de ella, que la verdad reine en ella» (CIC 2825). Así, la tierra «ya no sea diferente del cielo».
San Agustín ofrece otra lectura luminosa de estas palabras. El Catecismo la cita: podemos «cambiar estas palabras: «Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo» por estas otras: en la Iglesia como en nuestro Señor Jesucristo» (CIC 2827). La Iglesia es la tierra que aprende a vivir el cielo.
Por eso, decir «hágase tu voluntad» es orar por todos: desear que la verdad reine no solo en uno mismo, sino en el mundo entero.
¿Podemos de verdad cumplir la voluntad de Dios?
Por nosotros mismos no, pero sí unidos a Jesús y con el poder de su Espíritu. La tercera petición reconoce a la vez nuestra impotencia y la gracia que nos sostiene.
El Catecismo es muy realista: «Nosotros somos radicalmente impotentes para ello, pero unidos a Jesús y con el poder de su Espíritu Santo, podemos poner en sus manos nuestra voluntad» (CIC 2825). Cumplir la voluntad de Dios es, ante todo, un don que se pide.
De ahí que pidamos al Padre que «una nuestra voluntad a la de su Hijo» (CIC 2825). Adheridos a Cristo, dice Orígenes, «podemos llegar a ser un solo espíritu con Él, y así cumplir su voluntad» (CIC 2825).
Esta unión transforma la obediencia en libertad: ya no se trata de doblegarse ante un poder ajeno, sino de escoger lo que agrada al Padre. Quien desea crecer en esta entrega puede apoyarse en nuestra guía sobre cómo crecer en la oración cristiana.
¿Cómo nos ayuda la oración a discernir esa voluntad?
La oración nos da luz para conocer la voluntad de Dios y fuerza para cumplirla. No basta con decir «hágase tu voluntad»: hay que aprender a reconocerla y a vivirla.
El Catecismo lo enseña así: por la oración «podemos «discernir cuál es la voluntad de Dios» y obtener «constancia para cumplirla»» (CIC 2826; cf. Rm 12, 2; Hb 10, 36). Discernimiento y constancia son los dos frutos que el texto subraya.
Jesús advierte que no bastan las palabras. El Catecismo recuerda su enseñanza: se entra en el Reino de los cielos «»haciendo la voluntad de mi Padre que está en los cielos»» (CIC 2826; cf. Mt 7, 21). Por eso esta petición compromete toda la vida, no solo los labios.
Finalmente, esta oración tiene una fuerza singular en la Iglesia. El Catecismo afirma: «Si alguno […] cumple la voluntad […] de Dios, a ése le escucha» (CIC 2827), y precisa que tal es el poder de la oración eclesial «sobre todo en la Eucaristía». El texto completo de esta petición puede consultarse en el artículo del Catecismo sobre las peticiones del Padrenuestro en el sitio oficial del Vaticano.
Preguntas frecuentes
¿Es «hágase tu voluntad» una forma de resignación?
No: es un acto de confianza y de amor, no de pasividad. Pedimos unir nuestra voluntad a la del Padre, que solo busca nuestra salvación, como hizo Jesús en Getsemaní.
¿En qué oración de Jesús se inspira esta petición?
Se inspira sobre todo en la oración de la agonía, cuando Jesús dijo: «No se haga mi voluntad sino la tuya». El Catecismo la presenta como modelo perfecto de la tercera petición.
¿Qué relación tiene con la Eucaristía?
El Catecismo enseña que el poder de esta oración se manifiesta sobre todo en la Eucaristía. Allí la Iglesia, en comunión con María y los santos, pide cumplir la voluntad de Dios.
¿En qué números del Catecismo se explica?
Se desarrolla en los números 2822 a 2827, dentro del artículo dedicado a las siete peticiones del Padrenuestro. Allí se explica su sentido, su modelo y sus frutos.
Si este recorrido por la oración «hágase tu voluntad» ha avivado tu deseo de cumplir el designio del Padre, {{CTA}}