El deseo de Dios está inscrito en el corazón de todo ser humano, y comprenderlo ayuda a entender por qué buscamos la verdad y la dicha. Este artículo explica, con palabras del Catecismo, en qué consiste ese anhelo, por qué se puede conocer a Dios y cómo hablar de Él con reverencia.
¿Qué es el deseo de Dios según el Catecismo?
Es el anhelo profundo, grabado en el corazón humano, que orienta a la persona hacia su Creador como fuente de la verdad y la felicidad. El Catecismo lo expresa con una afirmación fundamental: «El deseo de Dios está inscrito en el corazón del hombre, porque el hombre ha sido creado por Dios y para Dios» (CIC 27).
Por eso ese mismo texto añade que Dios «no cesa de atraer al hombre hacia sí, y sólo en Dios encontrará el hombre la verdad y la dicha que no cesa de buscar» (CIC 27). El deseo de Dios no es, pues, un sentimiento pasajero, sino una orientación constitutiva del ser humano.
Esta enseñanza recoge una larga tradición. San Agustín la resumió en una frase célebre que el Catecismo cita: «nos has hecho para ti y nuestro corazón está inquieto mientras no descansa en ti» (CIC 30).
¿Por qué el hombre busca a Dios?
Porque ha sido creado por amor y solo en la comunión con Dios alcanza su plenitud. El deseo de Dios brota de esta vocación: el hombre «es invitado al diálogo con Dios desde su nacimiento» y «no vive plenamente según la verdad si no reconoce libremente aquel amor y se entrega a su Creador» (CIC 27).
Esta búsqueda es tan universal que define al ser humano. El Catecismo observa que los hombres, a lo largo de la historia, «han expresado su búsqueda de Dios por medio de sus creencias y sus comportamientos religiosos» (CIC 28).
De ahí que la tradición pueda llamar al hombre un ser religioso. La razón última de su dignidad, recuerda el texto, «consiste en la vocación del hombre a la comunión con Dios» (CIC 27).
¿Por qué puede olvidarse o rechazarse a Dios?
Porque la libertad humana puede desatender, ignorar o incluso negar esa unión vital con Dios. El Catecismo reconoce con realismo que esta «unión íntima y vital con Dios» puede ser «olvidada, desconocida e incluso rechazada explícitamente por el hombre» (CIC 29).
Las causas son diversas. El mismo número señala algunas:
- la rebelión contra el mal presente en el mundo;
- la ignorancia o la indiferencia religiosas;
- los afanes del mundo y de las riquezas;
- el mal ejemplo de los creyentes y las corrientes de pensamiento hostiles a la religión.
Aun así, el deseo de Dios no se apaga del todo. «Si el hombre puede olvidar o rechazar a Dios, Dios no cesa de llamar a todo hombre a buscarle para que viva y encuentre la dicha» (CIC 30). Para profundizar en este punto conviene comprender también la verdad sobre la creación del hombre a imagen de Dios.
¿Qué vías permiten conocer la existencia de Dios?
El Catecismo propone dos puntos de partida: el mundo creado y la propia persona humana. Estas «vías» no son demostraciones científicas, sino «argumentos convergentes y convincentes» que permiten llegar a verdaderas certezas (CIC 31).
La primera vía parte del orden y la belleza del cosmos. A partir «del movimiento y del devenir, de la contingencia, del orden y de la belleza del mundo se puede conocer a Dios como origen y fin del universo» (CIC 32).
La segunda vía mira al interior del hombre: su apertura a la verdad, su conciencia moral y su aspiración al infinito. Estas dos sendas, junto con el anhelo que las sostiene, muestran que el deseo de dios no es ingenuo, sino razonable. El siguiente cuadro resume los párrafos clave de este recorrido.
| Párrafo | Idea principal |
|---|---|
| CIC 27 | El deseo de Dios está inscrito en el corazón del hombre, creado por Dios y para Dios. |
| CIC 28 | La búsqueda de Dios es tan universal que se puede llamar al hombre un ser religioso. |
| CIC 30 | Aunque el hombre puede olvidarle, Dios no cesa de llamarle para que viva y encuentre la dicha. |
| CIC 31 | Existen «vías» para acceder al conocimiento de Dios, con punto de partida en la creación. |
| CIC 36 | Dios puede ser conocido con certeza mediante la luz natural de la razón humana. |
| CIC 40 | Solo podemos nombrar a Dios a partir de las criaturas y según nuestro modo limitado de conocer. |
¿Puede la razón conocer a Dios con certeza?
Sí: la Iglesia enseña que la razón humana puede llegar a la certeza de la existencia de Dios. El Catecismo recoge la doctrina del Concilio Vaticano I: «Dios, principio y fin de todas las cosas, puede ser conocido con certeza mediante la luz natural de la razón humana a partir de las cosas creadas» (CIC 36).
Por eso el deseo de Dios no contradice la inteligencia, sino que la acompaña. El mundo y el hombre, en efecto, no se explican por sí mismos. Ambos «atestiguan que no tienen en ellos mismos ni su primer principio ni su fin último», sino que participan «de Aquel que es el Ser en sí, sin origen y sin fin» (CIC 34).
Con todo, este conocimiento no es fácil ni completo. El hombre «experimenta muchas dificultades para conocer a Dios con la sola luz de su razón» (CIC 37), y por eso necesita ser iluminado por la revelación (cf. CIC 38). Puedes profundizar en este paso leyendo sobre la Revelación de Dios al hombre.
¿Cómo podemos hablar de Dios?
Podemos hablar de Dios de forma verdadera, aunque siempre limitada, partiendo de las perfecciones de las criaturas. Puesto que «nuestro conocimiento de Dios es limitado, nuestro lenguaje sobre Dios lo es también» (CIC 40).
Las criaturas, sin embargo, reflejan a su Creador. «Las múltiples perfecciones de las criaturas (su verdad, su bondad, su belleza) reflejan, por tanto, la perfección infinita de Dios» (CIC 41), de modo que podemos nombrarle por analogía.
Al mismo tiempo se impone la reverencia, porque Dios «transciende toda criatura» (CIC 42). Esta confianza fundamenta el diálogo de la Iglesia con la filosofía, las ciencias y los no creyentes (cf. CIC 39). Quien quiera estudiar el texto íntegro puede consultar el capítulo sobre el conocimiento de Dios en el sitio oficial del Vaticano.
Preguntas frecuentes
¿El deseo de Dios es lo mismo que tener fe?
No. El deseo de Dios es el anhelo natural inscrito en el corazón; la fe es la respuesta libre a la revelación de Dios, que el hombre acoge por gracia (cf. CIC 35).
¿Necesita pruebas filosóficas un creyente sencillo?
No es imprescindible. Las pruebas «pueden disponer a la fe y ayudar a ver que la fe no se opone a la razón humana» (CIC 35), pero la fe es un don accesible a todos.
¿Por qué hay personas que niegan a Dios si el anhelo es universal?
Porque la libertad puede rechazarlo por causas diversas, como la indiferencia o los afanes del mundo (cf. CIC 29), sin que ello borre la vocación a la comunión con Él.
¿Basta la sola razón para conocer plenamente a Dios?
No. La razón alcanza certezas verdaderas, pero el hombre necesita la revelación para conocer a Dios «sin dificultad, con una certeza firme y sin mezcla de error» (CIC 38).
Si esta reflexión sobre el anhelo del corazón humano te ha ayudado a mirar tu propia búsqueda con más hondura, {{CTA}}