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La obra de la creación abarca todo el mundo visible que Dios ha querido en su orden y belleza. Este artículo explica, con palabras del Catecismo, qué significa ese orden, por qué cada criatura es buena y cuál es el lugar del hombre dentro del cosmos creado.

¿Qué es la obra de la creación del mundo visible?

Es el acto por el que Dios mismo ha producido todo cuanto existe, dándole riqueza, diversidad y orden. El Catecismo lo afirma sin ambigüedad: «Dios mismo es quien ha creado el mundo visible en toda su riqueza, su diversidad y su orden» (CIC 337).

La Escritura presenta esta obra simbólicamente como una secuencia de seis días de trabajo divino que culminan en el reposo del séptimo. No es un relato científico, sino la enseñanza de verdades reveladas para nuestra salvación.

Por eso nada de lo que vemos es fruto del azar. El texto sagrado afirma que esas criaturas permiten «conocer la naturaleza íntima de todas las criaturas, su valor y su ordenación a la alabanza divina» (CIC 337), pues todo procede de un único Creador.

¿Por qué cada criatura es buena y tiene su perfección propia?

Porque toda criatura posee una bondad y una perfección queridas por Dios, que la creó y la juzgó buena. El relato repite para cada obra de los seis días: «Y vio Dios que era bueno».

El Catecismo lo enseña con palabras del Concilio Vaticano II: «Por la condición misma de la creación, todas las cosas están dotadas de firmeza, verdad y bondad propias y de un orden y leyes propias» (CIC 339). Cada ser refleja, a su manera, un rayo de la sabiduría y la bondad infinitas de Dios.

De esta verdad brota una consecuencia moral. El hombre debe respetar la bondad propia de cada criatura para evitar un uso desordenado de las cosas, que desprecie al Creador y dañe a los hombres y a su ambiente (cf. CIC 339).

¿Qué orden y qué belleza reflejan las criaturas?

Reflejan un orden y una armonía que derivan de la diversidad de los seres y de sus relaciones mutuas. La obra de la creación no es una suma de piezas sueltas, sino un conjunto trabado donde nada se basta a sí mismo.

El Catecismo subraya esa dependencia recíproca: «La interdependencia de las criaturas es querida por Dios» (CIC 340). El sol y la luna, el cedro y la florecilla, el águila y el gorrión existen para complementarse y servirse mutuamente.

Esa armonía es además fuente de belleza. La belleza del universo nace del orden del mundo creado, que el hombre descubre como leyes de la naturaleza y que «refleja la infinita belleza del Creador» (CIC 341). Por eso debe inspirar respeto y la sumisión de la inteligencia y de la voluntad.

¿Existe una jerarquía entre las criaturas?

Sí: el orden de los seis días expresa una jerarquía que avanza de lo menos perfecto a lo más perfecto. No todas las criaturas tienen el mismo rango, aunque todas sean amadas por Dios.

El Catecismo recuerda que Dios ama todas sus criaturas y cuida de cada una, incluso de los pajarillos (cf. CIC 342). Y, sin embargo, Jesús enseña que el hombre vale más que muchos pajarillos y más que una oveja.

Esta jerarquía no autoriza el desprecio de lo inferior. Todas las criaturas están unidas por tener el mismo Creador y por estar ordenadas a su gloria, como canta san Francisco en el Cántico de las criaturas (cf. CIC 344).

¿Cuál es el lugar del hombre en la creación?

El hombre es la cumbre de la obra de la creación, la criatura visible que Dios distingue de todas las demás. El relato inspirado lo expresa «distinguiendo netamente la creación del hombre y la de las otras criaturas» (cf. CIC 343).

Las criaturas materiales están ordenadas a su bien, pero no para un dominio arbitrario. El Catecismo resume así esta verdad: «Dios quiso la diversidad de sus criaturas y la bondad peculiar de cada una, su interdependencia y su orden», y destinó todas las criaturas materiales al bien del género humano (CIC 353).

El hombre ocupa, pues, un puesto de cumbre y de servicio a la vez. A través de él, toda la creación está destinada a la gloria de Dios, como veremos al tratar la vocación del ser humano en el plan de Dios.

¿Qué leyes inscribió Dios en el mundo creado?

Dios puso en la creación un fundamento y unas leyes estables sobre las que el creyente puede apoyarse con confianza. Esas leyes son signo y garantía de la fidelidad de la Alianza divina.

El Catecismo enseña que el hombre «deberá permanecer fiel a este fundamento y respetar las leyes que el Creador ha inscrito en la creación» (cf. CIC 346). De ahí brota un principio de sabiduría y un fundamento de la moral.

Así, contemplar la obra de la creación no es solo admirar su belleza, sino aprender a obrar con rectitud. Respetar el orden del mundo creado prepara el corazón para el culto y para entender mejor la relación entre la creación y la Providencia divina.

Párrafos clave del Catecismo sobre la obra de la creación (CIC 337-354)
Párrafo (CIC) Idea central
CIC 337 Dios ha creado el mundo visible en toda su riqueza, su diversidad y su orden.
CIC 339 Cada criatura posee bondad y perfección propias; el hombre debe respetarlas.
CIC 340 La interdependencia de las criaturas es querida por Dios; ninguna se basta a sí misma.
CIC 341 La belleza del universo refleja la infinita belleza del Creador.
CIC 343 El hombre es la cumbre de la obra de la creación.
CIC 353 Dios quiso la diversidad, la bondad, la interdependencia y el orden de sus criaturas.
CIC 354 Respetar las leyes inscritas en la creación es principio de sabiduría y fundamento de la moral.

Quien desee profundizar puede consultar el texto íntegro sobre la creación del mundo visible en el sitio oficial del Vaticano, donde se ofrecen estos párrafos en su contexto.

Preguntas frecuentes

¿La obra de la creación se opone a la ciencia?

No. El relato de los seis días enseña verdades de salvación, no datos científicos; el orden y las leyes del mundo, que la ciencia investiga, son precisamente las que el Creador inscribió en la creación (cf. CIC 341).

¿Qué papel tienen los ángeles en la creación?

Son criaturas espirituales que glorifican a Dios sin cesar y sirven sus designios salvíficos junto con las demás criaturas, cooperando en toda obra buena (cf. CIC 350).

¿Por qué culmina la creación en el Sabbat?

Porque Dios descansó, santificó y bendijo el séptimo día; la creación está hecha con miras al Sabbat y, por tanto, al culto y a la adoración de Dios (cf. CIC 345-347).

¿Tiene el hombre alguna responsabilidad sobre las criaturas?

Sí: como cumbre de lo creado, debe respetar la bondad propia de cada criatura y las relaciones que derivan de su naturaleza, evitando todo uso desordenado de las cosas (cf. CIC 339; 354).

Si esta mirada sobre la obra de la creación te ha ayudado a contemplar el mundo visible como reflejo de la sabiduría de Dios, {{CTA}}

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