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Los sacramentales son signos sagrados instituidos por la Iglesia que preparan a los fieles para recibir la gracia de los sacramentos. Este artículo explica, con palabras del Catecismo, qué son, qué formas adoptan y cómo culminan en las exequias cristianas.

Conviene situar dos realidades unidas por una misma esperanza: estos signos sagrados, que santifican las circunstancias de la vida, y las exequias cristianas, con las que la Iglesia acompaña al difunto hacia la Pascua definitiva, como enseña el Catecismo.

¿Qué son los sacramentales?

Son signos sagrados instituidos por la Iglesia para disponer a los fieles a recibir el fruto de los sacramentos. El Catecismo los define con precisión: «La Santa Madre Iglesia instituyó, además, los sacramentales. Estos son signos sagrados con los que, imitando de alguna manera a los sacramentos, se expresan efectos, sobre todo espirituales, obtenidos por la intercesión de la Iglesia» (CIC 1667).

Su finalidad es santificar la existencia ordinaria del cristiano. El mismo texto continúa: «Por ellos, los hombres se disponen a recibir el efecto principal de los sacramentos y se santifican las diversas circunstancias de la vida» (CIC 1667).

El Resumen del Catecismo recoge esta misma idea con sencillez. El texto lo resume así: «Se llaman sacramentales los signos sagrados instituidos por la Iglesia cuyo fin es preparar a los hombres para recibir el fruto de los sacramentos y santificar las diversas circunstancias de la vida» (CIC 1677). Puedes profundizar en nuestro estudio sobre los siete sacramentos de la Iglesia.

¿En qué se diferencian de los sacramentos?

La diferencia esencial es que estos signos no confieren la gracia del Espíritu Santo del modo en que lo hacen los sacramentos. El Catecismo lo afirma con claridad: «Los sacramentales no confieren la gracia del Espíritu Santo a la manera de los sacramentos, pero por la oración de la Iglesia preparan a recibirla y disponen a cooperar con ella» (CIC 1670).

Mientras los sacramentos actúan por sí mismos, estos ritos obran por la intercesión orante de la Iglesia. Comprenden siempre «una oración, con frecuencia acompañada de un signo determinado, como la imposición de la mano, la señal de la cruz, la aspersión con agua bendita» (CIC 1668).

Además, brotan del sacerdocio común de los bautizados. El texto enseña: «Los sacramentales proceden del sacerdocio bautismal: todo bautizado es llamado a ser una ‘bendición’ […] y a bendecir» (CIC 1669), por lo que ciertas bendiciones pueden ser presididas por laicos.

¿Cuáles son las principales formas de los sacramentales?

Entre ellos ocupan el primer lugar las bendiciones de personas, de la mesa, de objetos y de lugares. El Catecismo señala que «entre los sacramentales figuran en primer lugar las bendiciones» y que «Toda bendición es alabanza de Dios y oración para obtener sus dones» (CIC 1671).

Algunas bendiciones tienen un alcance permanente. El texto explica: «Ciertas bendiciones tienen un alcance permanente: su efecto es consagrar personas a Dios y reservar para el uso litúrgico objetos y lugares» (CIC 1672), como la consagración de vírgenes o la dedicación de una iglesia.

La siguiente tabla resume los párrafos clave del Catecismo sobre estos signos y las exequias.

Párrafos clave del Catecismo sobre los sacramentales y las exequias (CIC 1667-1690)
Párrafo Idea principal
CIC 1667 Definición de los signos sagrados que disponen a recibir el fruto de los sacramentos.
CIC 1668 Comprenden una oración acompañada de un signo, como la señal de la cruz o el agua bendita.
CIC 1670 No confieren la gracia como los sacramentos, pero preparan a recibirla por la oración de la Iglesia.
CIC 1671 Las bendiciones ocupan el primer lugar entre estos sacramentales.
CIC 1673 El exorcismo pide la protección contra el Maligno en nombre de Jesucristo.
CIC 1684 Las exequias cristianas son una celebración litúrgica de la Iglesia.

¿Qué son el exorcismo y la religiosidad popular?

El exorcismo es la oración con que la Iglesia pide la protección de una persona u objeto frente al Maligno. El Catecismo lo describe así: «Cuando la Iglesia pide públicamente y con autoridad, en nombre de Jesucristo, que una persona o un objeto sea protegido contra las asechanzas del Maligno y sustraída a su dominio, se habla de exorcismo» (CIC 1673).

El gran exorcismo exige prudencia y autorización. El texto precisa: «El exorcismo solemne llamado «el gran exorcismo» sólo puede ser practicado por un sacerdote y con el permiso del obispo» (CIC 1673), discerniendo siempre la enfermedad de la presencia del Maligno.

Junto a la liturgia florece también la piedad popular. El Catecismo invita a tener en cuenta «las formas de piedad de los fieles y de religiosidad popular» como la veneración de las reliquias, las peregrinaciones, el vía crucis o el rosario (cf. CIC 1674).

¿Qué son las exequias cristianas?

Las exequias cristianas son la celebración litúrgica con que la Iglesia acompaña al difunto en su última Pascua. El Catecismo lo afirma con sobriedad: «Las exequias cristianas son una celebración litúrgica de la Iglesia» (CIC 1684).

Todos los sacramentos tienden hacia esa Pascua definitiva. El texto enseña que estos «tienen como fin último la Pascua definitiva del cristiano, es decir, la que a través de la muerte hace entrar al creyente en la vida del Reino» (CIC 1680).

La Iglesia, como Madre, lo entrega en las manos del Padre. El Catecismo recuerda que ella «lo acompaña al término de su caminar para entregarlo ‘en las manos del Padre'» y deposita «el germen del cuerpo que resucitará en la gloria» (CIC 1683).

¿Cómo se celebran las exequias y qué relación tienen con los sacramentales?

Las exequias se celebran como anuncio de la vida eterna y comunión con el difunto, y las bendiciones que rodean el sacrificio eucarístico son sacramentales. El Catecismo enseña que el ministerio de la Iglesia «pretende expresar también aquí la comunión eficaz con el difunto, hacer participar en esa comunión a la asamblea reunida para las exequias y anunciarle la vida eterna» (CIC 1684).

El vínculo entre ambos es directo. El texto afirma que la ofrenda del difunto «es plenamente celebrada en el Sacrificio eucarístico; las bendiciones que preceden y que siguen son sacramentales» (CIC 1683).

El rito romano contempla varios lugares y momentos. El Ordo exequiarum «propone tres tipos de celebración de las exequias, correspondientes a tres lugares de su desarrollo (la casa, la iglesia, el cementerio)» (CIC 1686). El texto íntegro puede consultarse en el artículo del Catecismo sobre los sacramentales y las exequias en el sitio oficial del Vaticano, y puede ampliarse con nuestro estudio sobre la esperanza cristiana ante la muerte.

Preguntas frecuentes

¿Puede un laico dar una bendición?

Sí. El Catecismo enseña que, al proceder del sacerdocio bautismal, los laicos pueden presidir ciertas bendiciones, aunque las que afectan más a la vida eclesial y sacramental se reservan al ministerio ordenado (cf. CIC 1669).

¿El agua bendita es un sacramental?

La aspersión con agua bendita es uno de los signos propios de estos ritos y recuerda el Bautismo, según indica el Catecismo al describir los signos que acompañan la oración de la Iglesia (cf. CIC 1668).

¿La Iglesia permite la incineración?

El texto del Catecismo presentado se centra en el sentido pascual de las exequias y en sus ritos; sobre la sepultura subraya que la Iglesia deposita el cuerpo con esperanza de resurrección, sin oponerse por sí misma a otras prácticas honestas (cf. CIC 1683; 1686).

¿Para qué sirve un exorcismo?

El exorcismo intenta, en nombre de Jesucristo, liberar a una persona del dominio demoníaco, distinguiéndolo siempre de las enfermedades, cuyo cuidado pertenece a la ciencia médica (cf. CIC 1673).

Si esta introducción a los sacramentales y las exequias cristianas te ha ayudado a comprender cómo la Iglesia santifica la vida y la muerte del creyente, {{CTA}}

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