Las pasiones son componentes naturales del psiquismo humano que, lejos de ser un estorbo, pueden disponer a la persona hacia el bien. Este artículo explica, con palabras del Catecismo, qué son estos impulsos y cuándo adquieren valor moral.
Conviene situar el asunto desde el principio: el Catecismo no condena los sentimientos ni los exalta sin más, sino que enseña a ordenarlos a la bienaventuranza. Entender este equilibrio ayuda a vivir la vida afectiva con paz y sin escrúpulos.
¿Qué son las pasiones según el Catecismo?
Son las emociones o impulsos de la sensibilidad que mueven a obrar o a no obrar ante lo que se percibe como bueno o malo. El Catecismo las define con precisión: «Los sentimientos o pasiones designan las emociones o impulsos de la sensibilidad que inclinan a obrar o a no obrar en razón de lo que es sentido o imaginado como bueno o como malo» (CIC 1763).
Se trata de un término con hondas raíces cristianas, no de un concepto ajeno a la fe. El texto recuerda que «el término ‘pasiones’ pertenece al patrimonio del pensamiento cristiano» (CIC 1763).
El propio Señor sitúa su origen en lo más íntimo de la persona. El Catecismo enseña que «nuestro Señor señala al corazón del hombre como la fuente de donde brota el movimiento de las pasiones» (CIC 1764). Puedes profundizar en nuestro estudio sobre la dignidad de la persona humana.
¿Cuáles son los principales afectos del corazón?
El afecto más fundamental es el amor, del que brotan todos los demás. El Catecismo lo expresa así: «la más fundamental es el amor que la atracción del bien despierta. El amor causa el deseo del bien ausente y la esperanza de obtenerlo» (CIC 1765).
De ese movimiento inicial nacen tanto el gozo como las reacciones ante el mal. El texto continúa: «este movimiento culmina en el placer y el gozo del bien poseído. La aprehensión del mal causa el odio, la aversión y el temor ante el mal que puede sobrevenir» (CIC 1765).
El Resumen del Catecismo enumera los ejemplos más destacados. Señala que «ejemplos eminentes de pasiones son el amor y el odio, el deseo y el temor, la alegría, la tristeza y la ira» (CIC 1772). Todos ellos tienen su raíz en el amor, pues «amar es desear el bien a alguien» (CIC 1766).
¿Las pasiones son buenas o malas en sí mismas?
En sí mismas, las pasiones no son ni buenas ni malas; son fuerzas neutras del corazón humano. El Catecismo lo afirma de modo tajante: «En sí mismas, las pasiones no son buenas ni malas» (CIC 1767).
Por eso un sentimiento intenso no convierte a nadie en mejor ni en peor persona. El texto enseña que «los sentimientos más profundos no deciden ni la moralidad, ni la santidad de las personas; son el depósito inagotable de las imágenes y de las afecciones en que se expresa la vida moral» (CIC 1768).
El Resumen lo sintetiza con claridad para evitar todo malentendido. Recuerda que «en las pasiones, en cuanto impulsos de la sensibilidad, no hay ni bien ni mal moral. Pero según dependan o no de la razón y de la voluntad, hay en ellas bien o mal moral» (CIC 1773).
¿Cómo adquieren los sentimientos su valor moral?
Estos impulsos reciben calificación moral en la medida en que dependen de la razón y de la voluntad. El Catecismo establece este criterio decisivo: «sólo reciben calificación moral en la medida en que dependen de la razón y de la voluntad» (CIC 1767).
El bien moral consiste precisamente en que tales movimientos queden integrados y ordenados. El texto enseña que «pertenece a la perfección del bien moral o humano el que las pasiones estén reguladas por la razón» (CIC 1767).
Según el modo en que la voluntad los asuma, contribuyen a una acción buena o a una mala. El Catecismo precisa que «las pasiones son moralmente buenas cuando contribuyen a una acción buena, y malas en el caso contrario», de manera que «la voluntad recta ordena al bien y a la bienaventuranza los movimientos sensibles que asume» (CIC 1768). La siguiente tabla recoge los párrafos clave.
| Párrafo | Idea principal |
|---|---|
| CIC 1763 | Son emociones o impulsos de la sensibilidad ante lo sentido como bueno o malo. |
| CIC 1765 | El amor es el afecto más fundamental, del que nacen el deseo, el gozo, el temor y la ira. |
| CIC 1766 | «Amar es desear el bien a alguien»: el amor es el movimiento original del corazón. |
| CIC 1767 | En sí mismas no son buenas ni malas; dependen de la razón y la voluntad. |
| CIC 1768 | Las emociones pueden ser asumidas en las virtudes o pervertidas en los vicios. |
| CIC 1775 | La perfección del bien moral integra también el corazón, no solo la voluntad. |
¿Pueden las emociones convertirse en virtud o en vicio?
Sí: los mismos afectos pueden integrarse en las virtudes o degenerar en los vicios, según cómo se los gobierne. El Catecismo lo afirma expresamente: «Las emociones y los sentimientos pueden ser asumidos en las virtudes, o pervertidos en los vicios» (CIC 1768).
San Agustín ofrece el criterio último de esta valoración. El texto cita sus palabras: «las pasiones son malas si el amor es malo, buenas si es bueno» (CIC 1766).
Todo depende, pues, de la dirección que la voluntad imprima a esos movimientos. El Catecismo advierte que «la voluntad mala sucumbe a las pasiones desordenadas y las exacerba» (CIC 1768), mientras que la voluntad recta las eleva. Puedes ampliar este punto en nuestro artículo sobre las virtudes humanas y teologales.
¿Qué papel tienen los afectos en la perfección cristiana?
En la perfección cristiana los sentimientos no se suprimen, sino que se integran de modo que el hombre obre el bien con todo su ser. El Catecismo enseña que «la perfección moral consiste en que el hombre no sea movido al bien sólo por su voluntad, sino también por su apetito sensible» (CIC 1770).
El Espíritu Santo asume incluso las emociones más dolorosas para conducirlas a su plenitud. El texto afirma que «en la vida cristiana, el Espíritu Santo realiza su obra movilizando todo el ser incluidos sus dolores, temores y tristezas, como aparece en la agonía y la pasión del Señor» (CIC 1769).
Así, vividos en Cristo, los sentimientos alcanzan su destino más alto. El Catecismo concluye que, cuando se vive en Cristo, «los sentimientos humanos pueden alcanzar su consumación en la caridad y la bienaventuranza divina» (CIC 1769). El texto completo puede consultarse en el artículo del Catecismo sobre la moralidad de las pasiones en el sitio oficial del Vaticano.
Preguntas frecuentes
¿Es pecado sentir ira o tristeza?
No, en cuanto simples impulsos de la sensibilidad no encierran bien ni mal moral; el valor moral surge según dependan o no de la razón y de la voluntad (cf. CIC 1773).
¿Hay que reprimir las emociones para ser santo?
El Catecismo no propone reprimirlas, sino ordenarlas e integrarlas, de modo que el hombre sea movido al bien también por su «corazón» y no solo por la voluntad (cf. CIC 1775).
¿Qué significa que el amor es el afecto más fundamental?
Significa que de la atracción del bien que el amor despierta nacen los demás sentimientos, pues amar es desear el bien a alguien y los otros movimientos derivan de ahí (cf. CIC 1765-1766).
¿Por qué se dice que los sentimientos pueden ser «voluntarios»?
Porque, según el Catecismo, se llaman voluntarios o porque están ordenados por la voluntad, o porque la voluntad no se opone a ellos, asumiéndolos en la acción libre (cf. CIC 1767).
Si esta explicación sobre la moralidad de las pasiones te ha ayudado a comprender cómo ordenar tus emociones al bien, {{CTA}}