Las formas de la oración que la tradición cristiana ha vivido siempre nos enseñan a dirigirnos a Dios con todo el corazón. Este artículo explica, con el Catecismo en la mano, qué son la bendición, la adoración, la petición, la intercesión, la acción de gracias y la alabanza, y cómo practicarlas.
¿Cuáles son las formas de la oración según el Catecismo?
Las formas de la oración que el Catecismo recoge son la bendición y la adoración, la petición, la intercesión, la acción de gracias y la alabanza. Cada una expresa una actitud distinta del corazón ante Dios.
No se trata de fórmulas opuestas, sino de movimientos complementarios de una misma vida de oración. Unas brotan de la conciencia de ser criaturas; otras, del don recibido y de la respuesta agradecida.
Todas estas formas de la oración tienen su raíz en la bendición, que el Catecismo presenta como el movimiento de fondo: «La bendición expresa el movimiento de fondo de la oración cristiana: es encuentro de Dios con el hombre; en ella, el don de Dios y la acogida del hombre se convocan y se unen» (CIC 2626). Quien las conoce aprende a orar en toda ocasión y circunstancia.
¿Qué son la bendición y la adoración?
La bendición es la respuesta del hombre a los dones de Dios, y la adoración es la primera actitud de la criatura ante su Creador. Ambas abren el corazón al reconocimiento de la grandeza divina.
En la bendición, porque Dios bendice primero, el corazón del hombre puede bendecir a su vez a Aquel que es la fuente de toda bendición. Este movimiento, recuerda el Catecismo, asciende por el Espíritu Santo, por medio de Cristo, hacia el Padre, o bien implora la gracia que desciende de junto al Padre (cf. CIC 2627).
La adoración, por su parte, nos sitúa en verdad ante Dios: «La adoración es la primera actitud del hombre que se reconoce criatura ante su Creador. Exalta la grandeza del Señor que nos ha hecho y la omnipotencia del Salvador que nos libera del mal» (CIC 2628). Adorar es humillar el espíritu en silencio respetuoso ante el «Rey de la gloria».
¿En qué consiste la oración de petición?
La petición es la forma más espontánea de oración, en la que reconocemos nuestra dependencia de Dios y volvemos a Él. Es la más habitual entre todas las formas de la oración.
El Catecismo explica su sentido profundo: «Mediante la oración de petición mostramos la conciencia de nuestra relación con Dios: por ser criaturas, no somos ni nuestro propio origen, ni dueños de nuestras adversidades, ni nuestro fin último» (CIC 2629). Pedir es ya un retorno hacia el Padre.
Su primer movimiento es la petición de perdón, comienzo de una oración justa y pura (cf. CIC 2631). Tanto la Eucaristía como la oración personal empiezan así, con humildad confiada.
La petición cristiana, además, está centrada en el Reino que viene. Hay una jerarquía en las peticiones: primero el Reino, luego lo necesario para acogerlo (cf. CIC 2632). Con esa confianza, toda necesidad puede convertirse en objeto de oración.
¿Qué es la oración de intercesión?
La intercesión es una oración de petición por los demás que nos conforma con la oración de Cristo. Pedir por otro es propio de un corazón según el corazón de Dios.
El Catecismo la define con precisión: «La intercesión es una oración de petición que nos conforma muy de cerca con la oración de Jesús. Él es el único intercesor ante el Padre en favor de todos los hombres, de los pecadores en particular» (CIC 2634). En ella participamos de la mediación de Cristo.
Interceder es, desde Abraham, expresión de la comunión de los santos: el que ora busca no su propio interés, sino el de los demás, hasta rogar por quienes le hacen mal (cf. CIC 2635). Por eso la intercesión cristiana no conoce fronteras.
Las primeras comunidades vivieron intensamente esta forma de participación, orando por todos los hombres, por los que tienen autoridad y aun por los perseguidores (cf. CIC 2636).
¿Por qué damos gracias a Dios al orar?
Damos gracias porque la acción de gracias caracteriza la oración de la Iglesia, que en la Eucaristía manifiesta lo que es. Toda la vida cristiana es agradecimiento.
El Catecismo lo expresa así: «La acción de gracias caracteriza la oración de la Iglesia que, al celebrar la Eucaristía, manifiesta y se convierte cada vez más en lo que ella es» (CIC 2637). La acción de gracias de los miembros participa de la de Cristo, su Cabeza.
Como en la petición, todo acontecimiento y toda necesidad pueden convertirse en ofrenda de acción de gracias. San Pablo comienza y termina con frecuencia sus cartas dando gracias, y nos exhorta: «En todo dad gracias» (cf. CIC 2638).
¿Qué distingue a la oración de alabanza?
La alabanza reconoce de la manera más directa que Dios es Dios y le canta no por lo que hace, sino por lo que Él es. Es la más desinteresada de todas las formas de la oración.
El Catecismo la describe con belleza: «La alabanza es la forma de orar que reconoce de la manera más directa que Dios es Dios. Le canta por Él mismo, le da gloria no por lo que hace, sino por lo que Él es» (CIC 2639). En ella el Espíritu da testimonio de que somos hijos de Dios.
La alabanza integra todas las demás formas de oración y las lleva hacia su fuente y su término. San Lucas la subraya con frecuencia ante las maravillas de Cristo y del Espíritu (cf. CIC 2640).
De esta alabanza brotan los salmos, himnos y cánticos inspirados con que las primeras comunidades cantaban el Misterio de Cristo (cf. CIC 2641). Quien desee profundizar puede leer estos números en el texto íntegro del Catecismo de la Iglesia Católica publicado por el Vaticano.
Conviene relacionar estas actitudes con lo que enseña la Iglesia sobre qué es la oración cristiana y sobre el Padrenuestro como oración del Señor, donde estas formas se entrelazan.
| Forma de oración | Idea principal |
|---|---|
| Bendición y adoración | El corazón responde al don de Dios y se reconoce criatura ante su Creador (CIC 2626-2628). |
| Petición | Forma más espontánea: reconoce la dependencia de Dios y busca el Reino (CIC 2629-2633). |
| Intercesión | Petición por los demás que nos conforma con la oración de Jesús (CIC 2634-2636). |
| Acción de gracias | Caracteriza a la Iglesia, que da gracias al celebrar la Eucaristía (CIC 2637-2638). |
| Alabanza | Reconoce que Dios es Dios y le canta por lo que Él es (CIC 2639-2643). |
Preguntas frecuentes
¿Cuál es la forma más espontánea de orar?
La petición, por ser la más natural; mediante ella mostramos la conciencia de nuestra relación con Dios como criaturas suyas (cf. CIC 2629).
¿Con qué petición conviene empezar a rezar?
Con la petición de perdón, primer movimiento de la oración de petición y comienzo de una oración justa y pura (cf. CIC 2631).
¿Se puede dar gracias por las dificultades?
Sí: todo acontecimiento y toda necesidad pueden convertirse en ofrenda de acción de gracias, pues san Pablo nos pide dar gracias en todo (cf. CIC 2638).
¿Qué forma de oración resume a las demás?
La alabanza, que integra las otras formas de oración y las lleva hacia Aquel que es su fuente y su término (cf. CIC 2639).
Si estas formas de la oración te ayudan a comprender mejor el diálogo con Dios, te invitamos a dedicar unos minutos al silencio orante y a ensayar cada una de ellas a lo largo del día. {{CTA}}