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La oración en el Antiguo Testamento nace de la relación viva entre Dios y su pueblo a lo largo de la historia de la salvación. Este artículo explica, con el Catecismo en la mano, dónde brota, qué figuras la encarnan y cómo prepara la oración cristiana.

¿Qué es la oración en el Antiguo Testamento?

La oración en el Antiguo Testamento es la relación con Dios vivida dentro de los acontecimientos de la historia humana. No es una técnica ni un sentimiento, sino una respuesta del corazón a un Dios que llama primero.

El Catecismo sitúa su origen entre la caída y la salvación del hombre: «La revelación de la oración en el Antiguo Testamento se encuadra entre la caída y la elevación del hombre» (CIC 2568). Desde el principio, Dios busca al hombre con una llamada dolorosa: «¿Dónde estás?».

Por eso esta oración nunca está desligada de la vida concreta. Como enseña el mismo párrafo, «la oración está ligada con la historia de los hombres; es la relación con Dios en los acontecimientos de la historia humana» (CIC 2568).

¿Dónde brota la oración según el Catecismo?

La oración brota primeramente de las realidades de la creación. Antes de las palabras, hay una relación con Dios inscrita en la existencia misma del hombre y del mundo.

El Catecismo lo afirma con claridad: «La oración se vive primeramente a partir de las realidades de la creación» (CIC 2569). Los primeros capítulos del Génesis muestran la ofrenda de Abel, la invocación de Enós y la «marcha con Dios» de Henoc y Noé.

Esta dimensión orante de la creación no es exclusiva de Israel. El texto recuerda que ha sido vivida «en todas las religiones, por una muchedumbre de hombres piadosos», porque Dios «llama siempre a los hombres a orar» (cf. CIC 2569).

¿Por qué Abraham es el modelo de la oración de fe?

Abraham es el modelo porque su oración es ante todo escucha y obediencia del corazón. En el Antiguo Testamento, la oración se revela sobre todo a partir de él.

Su oración empieza sin palabras, con hechos: hombre de silencio, en cada etapa levanta un altar al Señor. El Catecismo subraya el núcleo de esta actitud: «La escucha del corazón a Dios que llama es esencial a la oración, las palabras tienen un valor relativo» (CIC 2570).

Esa fe se purifica hasta el extremo cuando se le pide sacrificar a su hijo. De ahí brota una de las enseñanzas centrales sobre la oración en el antiguo testamento:

  • Es combate de fe: Abraham conoce «la prueba de la fe en Dios que es fiel» (cf. CIC 2570).
  • Es intercesión audaz: se atreve a interceder por los hombres «con una audaz confianza» (cf. CIC 2571).
  • Restaura al hombre: «La oración restablece al hombre en la semejanza con Dios» (CIC 2572).

En Jacob, que lucha toda la noche con el ángel, la tradición espiritual ve «el símbolo de la oración como un combate de la fe y una victoria de la perseverancia» (cf. CIC 2573).

¿Cómo oraba Moisés como mediador del pueblo?

Moisés oraba como intercesor que no pide por sí mismo, sino por el pueblo que Dios ha reunido. Su figura prefigura al único Mediador, Cristo Jesús, y marca un hito en la oración en el antiguo testamento.

Su oración nace del trato familiar con Dios. El Catecismo cita la Escritura: «Dios hablaba con Moisés cara a cara, como habla un hombre con su amigo» (CIC 2576). Por eso es modelo de la oración contemplativa: sube al monte para escuchar y baja al pueblo para guiarlo.

De esa intimidad saca fuerza para interceder. Tras la apostasía del pueblo, Moisés «se mantiene en la brecha» ante Dios para salvarlo, y sus argumentos «inspirarán la audacia de los grandes orantes» del pueblo judío y de la Iglesia (cf. CIC 2577).

¿Qué lugar ocupan David y los Salmos?

David es, por excelencia, el rey «según el corazón de Dios» y el primer profeta de la oración salmódica. En él la oración en el antiguo testamento encuentra su voz real y orante.

Su oración une alabanza, arrepentimiento y confianza filial. El Catecismo lo presenta así: «En los Salmos, David, inspirado por el Espíritu Santo, es el primer profeta de la oración judía y cristiana» (CIC 2579).

Antes que él, el niño Samuel había aprendido de Elí a escuchar: «Habla, Señor, que tu siervo escucha» (cf. CIC 2578). Y la casa de oración que David soñó se cumplirá en el Templo de Jerusalén, obra de su hijo Salomón (cf. CIC 2580).

¿Qué aportan Elías y los profetas a la oración?

Elías y los profetas llaman a la conversión del corazón frente a un culto puramente exterior. Su misión es educar la fe del pueblo, antes y después del destierro.

El Templo, con sus fiestas y sacrificios, debía enseñar a orar; pero «el ritualismo arrastraba al pueblo con frecuencia hacia un culto demasiado exterior» (cf. CIC 2581). Por eso era necesaria la conversión interior.

Elías, «padre de los profetas», lleva la oración en el antiguo testamento a un clímax al mostrar el poder de la súplica en el monte Carmelo. El Catecismo recuerda con Santiago: «La oración ferviente del justo tiene mucho poder» (CIC 2582). Conviene leer estas páginas en el texto íntegro del Catecismo de la Iglesia Católica publicado por el Vaticano.

Figuras de la oración en el Antiguo Testamento según el Catecismo (CIC 2568-2582)
Figura Rasgo de su oración Párrafo
Abraham Escucha del corazón y fe probada; intercesión audaz. CIC 2570-2572
Jacob Combate de la fe y victoria de la perseverancia. CIC 2573
Moisés Oración contemplativa e intercesión por el pueblo. CIC 2576-2577
David Rey orante; alabanza y arrepentimiento en los Salmos. CIC 2579
Elías Conversión del corazón; oración ferviente y poderosa. CIC 2582

¿Qué nos enseña hoy la oración en el Antiguo Testamento?

Nos enseña que orar es responder a un Dios que siempre llama primero dentro de nuestra propia historia. La oración en el antiguo testamento no es un capítulo cerrado, sino la raíz de la oración cristiana.

De estas figuras aprendemos a escuchar como Abraham, a interceder como Moisés, a alabar como David y a convertirnos como anuncian los profetas. Toda esta pedagogía desemboca en Cristo, que lleva a su plenitud el sentido de esta oración (cf. CIC 2579).

Esta historia se prolonga en la vida de la Iglesia, que sigue aprendiendo a rezar con los salmos como escuela de oración. Conviene también relacionar la oración en el antiguo testamento con la enseñanza sobre la oración de intercesión, que tiene aquí sus primeros grandes maestros.

Preguntas frecuentes

¿Quién es el primer gran orante del Antiguo Testamento?

Aunque la oración brota ya con Abel, Enós y Noé, el Catecismo afirma que la oración se revela sobre todo a partir de Abraham, nuestro padre en la fe (cf. CIC 2569-2570).

¿Por qué se compara la oración con un combate?

Porque en Jacob, que lucha toda la noche, la tradición ve el símbolo de la oración como combate de la fe y victoria de la perseverancia (cf. CIC 2573).

¿Qué relación hay entre el Templo y la oración?

El Templo debía ser el lugar donde el pueblo aprendía a orar mediante fiestas y sacrificios, aunque siempre necesitado de la conversión interior del corazón (cf. CIC 2581).

¿Anunciaban los profetas a Cristo en su modo de orar?

Sí: la oración de David y los profetas prepara y orienta hacia Cristo, verdadero Mesías e hijo de David, que revela su pleno sentido (cf. CIC 2579).

Si esta mirada a la oración en el antiguo testamento despierta en ti el deseo de rezar, dedica hoy unos minutos al silencio y a la escucha del corazón, como hicieron Abraham y Moisés ante el Dios vivo. {{CTA}}

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