La persona y la sociedad forman un vínculo inseparable que el Catecismo presenta como exigencia de la propia naturaleza humana. Este artículo explica, con palabras del propio Catecismo, por qué el ser humano necesita la vida social y qué principios deben ordenarla.
Conviene distinguir dos planos que el Catecismo trata de modo unido: el carácter comunitario de la vocación del hombre y las exigencias morales que ordenan la vida social hacia el bien común.
¿Por qué la vocación humana tiene un carácter comunitario?
Porque cada persona es llamada a la bienaventuranza divina, pero esa llamada alcanza también a toda la comunidad humana. El Catecismo lo afirma así: «La vocación de la humanidad es manifestar la imagen de Dios y ser transformada a imagen del Hijo Único del Padre» (CIC 1877).
Esa vocación reviste a la vez una forma personal y comunitaria. El texto precisa que «esta vocación reviste una forma personal, puesto que cada uno es llamado a entrar en la bienaventuranza divina; pero concierne también al conjunto de la comunidad humana» (CIC 1877).
El fundamento último es trinitario. El Catecismo enseña que «existe cierta semejanza entre la unión de las personas divinas y la fraternidad que los hombres deben instaurar entre ellos, en la verdad y el amor» (CIC 1878), y que «el amor al prójimo es inseparable del amor a Dios» (CIC 1878).
¿Por qué la persona y la sociedad son inseparables?
Porque la vida social no es un añadido externo, sino una exigencia de la propia naturaleza del hombre. El Catecismo es taxativo: «La persona humana necesita la vida social. Esta no constituye para ella algo sobreañadido sino una exigencia de su naturaleza» (CIC 1879).
En la relación con los demás el ser humano se desarrolla y responde a su llamada. El texto explica que «por el intercambio con otros, la reciprocidad de servicios y el diálogo con sus hermanos, el hombre desarrolla sus capacidades; así responde a su vocación» (CIC 1879).
Algunas comunidades responden de modo más inmediato a esa naturaleza. El Catecismo señala que «algunas sociedades, como la familia y la ciudad, corresponden más inmediatamente a la naturaleza del hombre. Le son necesarias» (CIC 1882). Puedes profundizar en nuestro estudio sobre la dignidad de la persona humana.
¿Qué es una sociedad según el Catecismo?
Es un conjunto de personas unidas de forma orgánica por un principio común que las supera a todas. El Catecismo la define así: «Una sociedad es un conjunto de personas ligadas de manera orgánica por un principio de unidad que supera a cada una de ellas» (CIC 1880).
Toda sociedad perdura en el tiempo y transmite un patrimonio. El texto enseña que «una sociedad perdura en el tiempo: recoge el pasado y prepara el porvenir», de modo que cada hombre recibe «talentos» que enriquecen su identidad y a los que debe hacer fructificar (cf. CIC 1880).
Sin embargo, ninguna institución está por encima de la persona. El criterio decisivo de la relación entre la persona y la sociedad lo da el Catecismo al citar el Concilio: «el principio, el sujeto y el fin de todas las instituciones sociales es y debe ser la persona humana» (CIC 1881). Por eso conviene promover una amplia participación en asociaciones e instituciones de libre iniciativa (cf. CIC 1893).
| Párrafo | Idea principal |
|---|---|
| CIC 1877 | La vocación humana es manifestar la imagen de Dios y concierne a toda la comunidad. |
| CIC 1879 | La persona humana necesita la vida social como exigencia de su naturaleza. |
| CIC 1881 | El principio, el sujeto y el fin de toda institución social es la persona humana. |
| CIC 1883 | La doctrina de la Iglesia formula el principio de subsidiariedad. |
| CIC 1885 | La subsidiariedad se opone al colectivismo y limita la intervención del Estado. |
| CIC 1889 | La caridad es el mayor mandamiento social y exige la práctica de la justicia. |
¿Qué es el principio de subsidiariedad?
Es la norma que protege la iniciativa de las comunidades menores frente a una intervención excesiva del Estado. El Catecismo recuerda que «la socialización presenta también peligros», pues «una intervención demasiado fuerte del Estado puede amenazar la libertad y la iniciativa personales» (CIC 1883).
Frente a ese riesgo la Iglesia ha elaborado un principio preciso. El texto enseña que, según la subsidiariedad, «una estructura social de orden superior no debe interferir en la vida interna de un grupo social de orden inferior, privándole de sus competencias, sino que más bien debe sostenerle en caso de necesidad y ayudarle a coordinar su acción» (CIC 1883).
Este principio tiene un fundamento teológico y un alcance amplio. El Catecismo observa que Dios «entrega a cada criatura las funciones que es capaz de ejercer» (CIC 1884), y que la subsidiariedad «se opone a toda forma de colectivismo», traza «los límites de la intervención del Estado» y tiende «a instaurar un verdadero orden internacional» (CIC 1885).
¿Puede una sociedad mejorar sin conversión de las personas?
No: el Catecismo enseña que la transformación de la persona y la sociedad pasa necesariamente por la conversión interior. La sociedad «es indispensable para la realización de la vocación humana», pero exige respetar «la justa jerarquía de los valores» (CIC 1886).
Cuando se invierten los medios y los fines, surgen estructuras injustas. El texto advierte que considerar «las personas como puros medios para un fin, engendra estructuras injustas» que hacen «prácticamente imposible una conducta cristiana» (cf. CIC 1887).
Por eso la prioridad corresponde al corazón del hombre. El Catecismo afirma que es preciso apelar «a la exigencia permanente de su conversión interior para obtener cambios sociales que estén realmente a su servicio» (CIC 1888), sin que ello dispense de reformar las instituciones que inducen al pecado (cf. CIC 1888).
¿Cuál es el mayor mandamiento social?
La caridad es, según el Catecismo, el mayor mandamiento social, raíz de toda justicia verdadera. El texto recuerda que sin la gracia los hombres no sabrían «acertar con el sendero a veces estrecho entre la mezquindad que cede al mal y la violencia» (CIC 1889).
Ese camino es el del amor de Dios y del prójimo. El Catecismo enseña: «La caridad representa el mayor mandamiento social. Respeta al otro y sus derechos. Exige la práctica de la justicia y es la única que nos hace capaces de ésta» (CIC 1889).
De ahí la conclusión sobre la persona y la sociedad: no hay solución a la cuestión social fuera del Evangelio (cf. CIC 1896). El texto completo puede consultarse en el artículo del Catecismo sobre la persona y la sociedad en el sitio oficial del Vaticano, y puede ampliarse con nuestro artículo sobre el bien común y la vida en sociedad.
Preguntas frecuentes
¿La vida social es opcional para el ser humano?
No: el Catecismo la presenta como una exigencia de la naturaleza humana, no como algo sobreañadido, porque solo en relación con los demás el hombre desarrolla sus capacidades y responde a su vocación (cf. CIC 1879).
¿Qué relación hay entre subsidiariedad y bien común?
La subsidiariedad pide que las estructuras superiores no absorban a las inferiores, sino que las sostengan y ayuden a coordinar su acción con miras al bien común, limitando así la intervención del Estado (cf. CIC 1883; 1885).
¿Por qué la Iglesia insiste en la conversión del corazón ante los problemas sociales?
Porque las reformas de las estructuras no bastan por sí solas: el Catecismo enseña que es preciso apelar a la conversión interior de las personas para lograr cambios sociales que estén verdaderamente a su servicio (cf. CIC 1888; 1896).
¿Está la persona por encima de las instituciones sociales?
Sí en cuanto al fin: el Catecismo afirma que el principio, el sujeto y el fin de todas las instituciones sociales es y debe ser la persona humana, de modo que ninguna estructura puede tratarla como simple medio (cf. CIC 1881; 1892).
Si esta introducción a la persona y la sociedad te ha ayudado a comprender por qué la vida social nace de la vocación del hombre, {{CTA}}