«Líbranos del mal» es la séptima y última petición del Padrenuestro, y en ella la Iglesia presenta al Padre todas las desdichas del mundo. Este artículo explica el sentido de las dos peticiones finales —«no nos dejes caer en la tentación» y «líbranos del mal»— según el Catecismo, para que sepamos qué pedimos y por qué.
¿Qué significa «no nos dejes caer en la tentación»?
Significa pedir al Padre que no nos deje sucumbir ni tomar el camino que conduce al pecado. El Catecismo advierte que traducir el texto griego es delicado: «Traducir en una sola palabra el texto griego es difícil: significa «no permitas entrar en» (cf. Mt 26,41), «no nos dejes sucumbir a la tentación»» (CIC 2846).
Esta petición llega a la raíz de la anterior, porque nuestros pecados son los frutos del consentimiento a la tentación. Por eso no acusamos a Dios: «»Dios ni es tentado por el mal ni tienta a nadie» (St 1,13), al contrario, quiere librarnos del mal» (CIC 2846).
El motivo es que estamos empeñados en un combate interior «entre la carne y el Espíritu». Por eso esta petición implora el Espíritu de discernimiento y de fuerza, según recoge nuestra explicación del Padrenuestro completo.
¿Cuál es la diferencia entre la prueba y la tentación?
La prueba es necesaria para el crecimiento interior, mientras que la tentación conduce al pecado y a la muerte. Es el Espíritu Santo quien nos da luz para distinguirlas, y también para diferenciar entre «ser tentado» y «consentir» en la tentación (cf. CIC 2847).
El discernimiento desenmascara además el engaño: la tentación presenta su objeto como «bueno, seductor a la vista, deseable» (Gn 3,6), «mientras que, en realidad, su fruto es la muerte» (CIC 2847). Saber esto nos protege de la mentira que se disfraza de bien.
Conviene recordar también que «no entrar en la tentación implica una decisión del corazón» (cf. CIC 2848). Nadie puede servir a dos señores, y el Padre nos da la fuerza para dejarnos conducir por el Espíritu Santo.
¿Cómo se vence la tentación según el Catecismo?
Se vence con la oración y la vigilancia del corazón, unidos al combate de Cristo. El Catecismo es tajante: «este combate y esta victoria sólo son posibles con la oración» (CIC 2849), pues Jesús venció al Tentador desde el principio y en su agonía.
La vigilancia es «guarda del corazón», y Jesús pide al Padre que «nos guarde en su Nombre» (Jn 17,11). El Espíritu Santo trata de despertarnos continuamente a esa vigilancia para que no caigamos en la tentación final.
Quien confía en este combate descubre que Dios nunca abandona: «con la tentación os dará modo de poderla resistir con éxito» (1 Co 10,13), recuerda el Catecismo en CIC 2848. Así, la petición pide en el fondo la perseverancia final.
¿Qué pedimos cuando rezamos «líbranos del mal»?
Cuando rezamos «líbranos del mal» pedimos ser liberados del Maligno y de todos los males de los que él es autor o instigador. Esta última petición está contenida en la oración de Jesús: «No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno» (Jn 17,15), como recoge CIC 2850.
El Catecismo precisa el alcance de pedir «líbranos del mal»: «Al pedir ser liberados del Maligno, oramos igualmente para ser liberados de todos los males, presentes, pasados y futuros de los que él es autor o instigador» (CIC 2854). En esta petición la Iglesia presenta al Padre todas las desdichas del mundo.
Quien suplica «líbranos del mal» no ora en solitario, sino siempre como «nosotros», en comunión con toda la Iglesia y para la salvación de toda la familia humana. Con esa liberación se implora «el don precioso de la paz y la gracia de la espera perseverante en el retorno de Cristo» (CIC 2854).
Por eso, al decir «líbranos del mal», anticipamos en la humildad de la fe la recapitulación de todo en Aquel que «tiene las llaves de la Muerte y del Hades» (Ap 1,18). Puedes profundizar en este sentido en nuestra guía sobre las siete peticiones del Padrenuestro.
¿Quién es «el mal» del que pedimos ser librados?
El mal de esta petición no es una idea abstracta, sino una persona concreta. El Catecismo lo afirma con claridad: «en esta petición, el mal no es una abstracción, sino que designa una persona, Satanás, el Maligno, el ángel que se opone a Dios» (CIC 2851).
El «diablo» (diá-bolos) es aquel que «se atraviesa» en el designio de Dios y su obra de salvación cumplida en Cristo. La Escritura lo describe como «homicida […] desde el principio […] mentiroso y padre de la mentira» (Jn 8,44) y «el seductor del mundo entero» (cf. CIC 2852).
Frente a él, la confianza vence al temor. El Catecismo cita a san Ambrosio: «Quien confía en Dios, no tema al demonio. «Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?» (Rm 8,31)» (CIC 2852).
¿Está ya vencido el Maligno?
Sí: la victoria sobre el Maligno se adquirió de una vez por todas en la Hora de Cristo. «La victoria sobre el «príncipe de este mundo» (Jn 14,30) se adquirió de una vez por todas en la Hora en que Jesús se entregó libremente a la muerte para darnos su Vida» (CIC 2853).
El príncipe de este mundo está «echado abajo» (Jn 12,31), aunque sigue haciendo guerra al resto de los hijos de la Mujer. Por eso el Espíritu y la Iglesia oran: «Ven, Señor Jesús» (Ap 22,17.20), ya que su Venida nos librará del Maligno.
La liturgia prolonga esta súplica en el embolismo de la Misa: «Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días» (CIC 2854). Así, rezar «líbranos del mal» es esperar con fe la gloriosa venida del Salvador.
| Párrafo | Idea principal |
|---|---|
| CIC 2846 | Pedir no sucumbir a la tentación; Dios no tienta a nadie, quiere librarnos del mal. |
| CIC 2847 | Discernir entre la prueba que hace crecer y la tentación cuyo fruto es la muerte. |
| CIC 2849 | El combate y la victoria sobre el Tentador solo son posibles con la oración y la vigilancia. |
| CIC 2851 | El mal no es una abstracción: designa a una persona, Satanás, el Maligno. |
| CIC 2853 | La victoria sobre el príncipe de este mundo se adquirió de una vez por todas en la Hora de Cristo. |
| CIC 2854 | Al pedir «líbranos del mal» suplicamos ser librados de todos los males y el don de la paz. |
Puedes leer estos números íntegros en el texto oficial del Catecismo de la Iglesia Católica en la web del Vaticano, base de todas las citas de este artículo.
Preguntas frecuentes
¿Quiere decir esta petición que Dios podría tentarnos?
No. El Catecismo recuerda que «Dios ni es tentado por el mal ni tienta a nadie» (St 1,13); pedimos que no nos deje entrar en la tentación, no que deje de tentarnos.
¿Por qué rezamos en plural «líbranos» y no «líbrame»?
Porque quien ora es siempre el «nosotros», en comunión con toda la Iglesia y para la salvación de toda la familia humana (cf. CIC 2850).
¿De qué males pedimos ser librados?
De todos los males presentes, pasados y futuros de los que el Maligno es autor o instigador, según CIC 2854, junto con el don de la paz.
¿Tiene esta petición relación con la venida de Cristo?
Sí. Implora la gracia de la espera perseverante en el retorno de Cristo, cuya Venida nos librará definitivamente del Maligno (cf. CIC 2853-2854).
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