El cuarto mandamiento abre la segunda tabla del Decálogo y ordena honrar a los padres y a toda autoridad legítima. Este artículo resuelve, con el Catecismo en la mano y citas verbatim, qué manda, a quién obliga y cómo vivirlo.
¿Qué es el cuarto mandamiento según el Catecismo?
Es el precepto del Decálogo que nos manda honrar a nuestros padres y a quienes Dios ha investido de autoridad para nuestro bien. Encabeza la segunda tabla de la Ley e indica el orden de la caridad hacia el prójimo.
El Catecismo lo enuncia con claridad: «El cuarto mandamiento encabeza la segunda tabla. Indica el orden de la caridad. Dios quiso que, después de Él, honrásemos a nuestros padres, a los que debemos la vida y que nos han transmitido el conocimiento de Dios» (CIC 2197).
A diferencia de otros preceptos, este se expresa de forma positiva. Como recuerda el texto, «este precepto se expresa de forma positiva, indicando los deberes que se han de cumplir» y «constituye uno de los fundamentos de la doctrina social de la Iglesia» (CIC 2198). Para situarlo en el conjunto de la Ley conviene leer también nuestra guía sobre los diez mandamientos.
¿A quién obliga el cuarto mandamiento?
Obliga ante todo a los hijos en su relación con los padres, por ser la más universal, pero su alcance es mucho mayor. Se extiende a toda relación de respeto hacia quienes ejercen una autoridad legítima.
El Catecismo precisa que «el cuarto mandamiento se dirige expresamente a los hijos en sus relaciones con sus padres, porque esta relación es la más universal», y «exige que se dé honor, afecto y reconocimiento a los abuelos y antepasados» (CIC 2199). Su radio abarca distintos vínculos:
- Los abuelos y antepasados, a quienes se debe «honor, afecto y reconocimiento» (CIC 2199).
- Los alumnos respecto a los maestros y «de los empleados respecto a los patronos» (CIC 2199).
- Los ciudadanos respecto a su patria, «a los que la administran o la gobiernan» (CIC 2199).
- Quienes ejercen autoridad, pues el precepto sobrentiende «los deberes de los padres, tutores, maestros, jefes, magistrados, gobernantes» (CIC 2199).
De este modo, el precepto regula tanto los deberes de los subordinados como los de quienes tienen responsabilidad sobre otros.
¿Por qué debemos honrar a nuestros padres?
Porque la paternidad de Dios es la fuente y el fundamento del honor debido a los padres. A ellos debemos la vida, el amor y, en muchos casos, el conocimiento mismo de la fe.
El Catecismo lo expresa así: «la paternidad divina es la fuente de la paternidad humana; es el fundamento del honor debido a los padres» (CIC 2214). Ese respeto, añade, «se nutre del afecto natural nacido del vínculo que los une» (CIC 2214).
Este honor brota de la gratitud. El texto enseña que «el respeto a los padres (piedad filial) está hecho de gratitud para quienes, mediante el don de la vida, su amor y su trabajo, han traído sus hijos al mundo y les han ayudado a crecer en estatura, en sabiduría y en gracia» (CIC 2215). Por eso honrar a los padres es una exigencia de justicia y de amor, no un mero sentimiento.
¿Qué deberes tienen los hijos hacia sus padres?
Los hijos deben a sus padres respeto, obediencia, gratitud y ayuda. El modo concreto de vivir estos deberes cambia con la edad, pero el respeto permanece siempre.
Mientras conviven con ellos, rige la obediencia: «Mientras vive en el domicilio de sus padres, el hijo debe obedecer a todo lo que éstos dispongan para su bien o el de la familia» (CIC 2217). Esta obediencia tiene un límite en la conciencia recta, pues si el hijo «está persuadido en conciencia de que es moralmente malo obedecer esa orden, no debe seguirla» (CIC 2217).
Al llegar a la madurez, el deber no desaparece, sino que se transforma. El Catecismo recuerda que «cuando se hacen mayores, los hijos deben seguir respetando a sus padres» y han de «solicitar dócilmente sus consejos y aceptar sus amonestaciones justificadas» (CIC 2217). El respeto filial, además, favorece la armonía de toda la vida familiar.
| Párrafo | Idea principal |
|---|---|
| CIC 2197 | Encabeza la segunda tabla e indica el orden de la caridad: honrar a los padres. |
| CIC 2198 | Se expresa de forma positiva y es fundamento de la doctrina social de la Iglesia. |
| CIC 2199 | Se dirige a los hijos y se extiende a maestros, patronos y autoridades. |
| CIC 2200 | Su cumplimiento lleva consigo recompensa de paz y prosperidad. |
| CIC 2207 | La familia es la célula original de la vida social. |
| CIC 2214 | La paternidad divina es el fundamento del honor debido a los padres. |
| CIC 2217 | El hijo debe obedecer mientras vive en el hogar y respetar siempre. |
¿Qué relación tiene el cuarto mandamiento con la familia y la sociedad?
El cuarto mandamiento sitúa a la familia como base de toda la vida social y ofrece la clave para ordenar las demás relaciones humanas. De ella nacen la libertad, la seguridad y la fraternidad de la sociedad.
El Catecismo afirma que «la familia es la célula original de la vida social» y que en ella «la autoridad, la estabilidad y la vida de relación constituyen los fundamentos de la libertad, de la seguridad, de la fraternidad en el seno de la sociedad» (CIC 2207). Es, además, donde «desde la infancia, se pueden aprender los valores morales» (CIC 2207).
Por eso este precepto «ilumina las demás relaciones en la sociedad» (CIC 2212). En él aprendemos a ver en cada persona a un hermano: el prójimo «no es un “individuo” de la colectividad humana; es “alguien” que por sus orígenes, siempre “próximos” por una u otra razón, merece una atención y un respeto singulares» (CIC 2212). Puedes profundizar en la vida moral del cristiano en nuestra guía sobre los mandamientos de la ley de Dios.
¿Qué recompensa promete cumplir este precepto?
El cuarto mandamiento es el primero que lleva unida una promesa explícita: la prolongación de la vida y la prosperidad sobre la tierra. Su observancia procura frutos espirituales y temporales.
El Catecismo lo recoge citando la Escritura: «El cumplimiento del cuarto mandamiento lleva consigo su recompensa: “Honra a tu padre y a tu madre, para que se prolonguen tus días sobre la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar” (Ex 20, 12; Dt 5, 16)» (CIC 2200).
Esa recompensa no es solo material. «La observancia de este mandamiento procura, con los frutos espirituales, frutos temporales de paz y de prosperidad», mientras que su falta «entraña grandes daños para las comunidades y las personas humanas» (CIC 2200). Así lo resume el Catecismo: «los hijos deben a sus padres respeto, gratitud, justa obediencia y ayuda» (CIC 2251). El texto completo del artículo puede consultarse en el artículo del Catecismo sobre el cuarto mandamiento en el sitio oficial del Vaticano.
Preguntas frecuentes
¿Cuál es el enunciado de este precepto en la Escritura?
«Honra a tu padre y a tu madre, para que se prolonguen tus días sobre la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar» (Ex 20, 12). Es la fórmula bíblica que el Catecismo cita al presentarlo.
¿Hay que obedecer siempre a los padres?
No de modo absoluto. El Catecismo enseña que la obediencia debe darse en lo que disponen «para su bien o el de la familia», pero cesa ante una orden que en conciencia se sabe moralmente mala.
¿Los hijos mayores ya no tienen deberes con sus padres?
Sí los tienen. La obediencia cesa con la emancipación, pero el respeto permanece siempre, y los hijos adultos deben prestar ayuda material y moral a sus padres en la vejez y la enfermedad.
¿Solo se refiere a la relación entre padres e hijos?
No. Aunque se dirige primero a los hijos, se extiende a maestros, empleadores, gobernantes y a toda autoridad legítima recibida de Dios para el bien común.
Si esta explicación sobre el cuarto mandamiento te ha ayudado a comprender mejor el honor debido a los padres y a la autoridad, {{CTA}}