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El Matrimonio es la alianza por la que un hombre y una mujer constituyen entre sí un consorcio de toda la vida, elevada por Cristo a la dignidad de sacramento (CIC 1601). En este artículo respondemos las preguntas más habituales sobre qué es, cuál es su origen, qué papel tiene el consentimiento y qué gracia otorga. La intención es ofrecer una guía clara y fiel a lo que enseña la Iglesia.

¿Qué es el Matrimonio según el Catecismo?

Es la alianza matrimonial por la que el varón y la mujer constituyen entre sí un consorcio de toda la vida, ordenado por su naturaleza al bien de los cónyuges y a la generación y educación de los hijos (CIC 1601). Entre bautizados, esta alianza fue elevada por Cristo a la dignidad de sacramento.

No es, pues, una mera institución social, sino una realidad querida por Dios desde la creación y asumida por Cristo como signo de su amor por la Iglesia.

Pertenece al grupo de los sacramentos al servicio de la comunión; puedes situarlo leyendo nuestro artículo sobre qué son los sacramentos según el Catecismo.


¿Cuál es el origen del Matrimonio en el plan de Dios?

El mismo Dios es el autor del matrimonio: la íntima comunidad de vida y amor conyugal está fundada por el Creador y provista de leyes propias (CIC 1603). La vocación al matrimonio se inscribe en la naturaleza misma del hombre y de la mujer.

El Catecismo recuerda que la Sagrada Escritura se abre con el relato de la creación del hombre y la mujer a imagen de Dios (CIC 1602). Por eso no es una institución puramente humana, a pesar de las muchas variaciones culturales que ha conocido a lo largo de la historia.


¿Qué papel tiene el consentimiento en el Matrimonio?

Los protagonistas de la alianza son un hombre y una mujer bautizados, libres para casarse, que expresan libremente su consentimiento (CIC 1625). Ser libre significa no actuar por coacción ni estar impedido por una ley natural o eclesiástica.

La Iglesia considera el intercambio de los consentimientos entre los esposos como el elemento indispensable «que hace el matrimonio» (CIC 1626). Si falta el consentimiento, no hay matrimonio. Por eso, en la tradición latina, los propios esposos son los ministros del sacramento: se lo confieren mutuamente al expresar ante la Iglesia su consentimiento. El sacerdote o el diácono recibe ese consentimiento en nombre de la Iglesia y da la bendición.


¿Cuáles son las propiedades del Matrimonio?

Del enlace válido se origina entre los cónyuges un vínculo perpetuo y exclusivo por su misma naturaleza (CIC 1638). El consentimiento por el que los esposos se dan y se reciben es sellado por el mismo Dios.

El amor conyugal, según el Catecismo, exige la indisolubilidad y la fidelidad de la donación recíproca definitiva, y se abre a la fecundidad (CIC 1643). De ahí sus dos propiedades esenciales:

  • La unidad: un solo hombre y una sola mujer.
  • La indisolubilidad: un vínculo perpetuo que solo la muerte deshace.

¿Qué gracia otorga el Matrimonio?

La gracia propia de este sacramento está destinada a perfeccionar el amor de los cónyuges y a fortalecer su unidad indisoluble (CIC 1641). Por ella, los esposos se ayudan mutuamente a santificarse y en la acogida y educación de los hijos.

Cristo es la fuente de esta gracia (CIC 1642): así como en otro tiempo Dios salió al encuentro de su pueblo, hoy el Salvador viene al encuentro de los esposos cristianos en este sacramento.

El Matrimonio según el Catecismo
Nº CIC Tema Idea clave
1601 Definición Consorcio de toda la vida, elevado a sacramento
1603 Origen Dios es el autor del matrimonio
1626 Consentimiento Elemento que «hace el matrimonio»
1638 Vínculo Perpetuo y exclusivo
1641 Gracia Perfecciona el amor y santifica a los esposos

Puedes leer el texto completo en el Catecismo de la Iglesia Católica, en su segunda parte. La vida conyugal cristiana se alimenta de la oración: puedes verlo en nuestro artículo sobre qué es la oración según el Catecismo.


¿Cómo describe el Catecismo el amor conyugal?

El amor conyugal comporta una totalidad en la que entran todos los elementos de la persona: el cuerpo y el instinto, el sentimiento y la afectividad, el espíritu y la voluntad (CIC 1643). Mira a una unidad profundamente personal que, más allá de la unión en una sola carne, conduce a tener un solo corazón y una sola alma.

Por eso este amor exige la indisolubilidad y la fidelidad de la donación recíproca definitiva, y se abre a la fecundidad (CIC 1643). No se trata de un sentimiento pasajero, sino de una entrega total y duradera.


¿Cuáles son los fines del Matrimonio?

Esta unión está ordenada, por su misma índole natural, a dos fines inseparables: el bien de los cónyuges y la generación y educación de los hijos (CIC 1601). Ambos fines se iluminan mutuamente y no se oponen.

El Catecismo subraya que los cónyuges cristianos tienen su carisma propio en el Pueblo de Dios (CIC 1641): se ayudan a santificarse en la vida conyugal y en la acogida y educación de los hijos. Así, el hogar se convierte en una pequeña «iglesia doméstica».


Preguntas frecuentes

¿Quién instituyó el Matrimonio?

Dios es su autor desde la creación, y Cristo lo elevó a sacramento (CIC 1601, 1603).

¿Qué lo hace válido?

El consentimiento libre de los esposos (CIC 1626).

¿Quiénes son sus ministros?

Los propios esposos, que se confieren el sacramento al darse el consentimiento.

¿Cuáles son sus propiedades?

La unidad y la indisolubilidad (CIC 1638, 1643).

¿Cuáles son sus fines?

El bien de los cónyuges y la generación y educación de los hijos (CIC 1601).

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