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El sexto mandamiento nos enseña a vivir la sexualidad en la verdad del amor, y este artículo lo explica con el Catecismo en la mano. Verás qué abarca, qué es la castidad y cómo crecer en ella, con un tono sereno.

¿Qué es el sexto mandamiento según el Catecismo?

Es el precepto del Decálogo que ordena toda la vida afectiva y sexual del ser humano según el designio de Dios. No se limita a una prohibición externa, sino que abraza la sexualidad entera de la persona.

El Catecismo lo expresa recordando las palabras de Jesús: «Jesús vino a restaurar la creación en la pureza de sus orígenes. En el Sermón de la Montaña interpreta de manera rigurosa el plan de Dios: “Habéis oído que se dijo: ‘no cometerás adulterio’. Pues yo os digo: ‘Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón’”» (CIC 2336).

Su alcance es amplio: «la Tradición de la Iglesia ha entendido el sexto mandamiento como referido a la globalidad de la sexualidad humana» (CIC 2336). Para situarlo en la vida moral, conviene leer nuestra guía sobre los diez mandamientos.

¿Por qué Dios creó al ser humano hombre y mujer?

Porque la diferencia entre el hombre y la mujer refleja la sabiduría del Creador y está ordenada a la comunión y a la vida. La sexualidad afecta a la persona entera, cuerpo y alma.

El Catecismo enseña que «la sexualidad abraza todos los aspectos de la persona humana, en la unidad de su cuerpo y de su alma. Concierne particularmente a la afectividad, a la capacidad de amar y de procrear y, de manera más general, a la aptitud para establecer vínculos de comunión con otro» (CIC 2332).

De ahí brota la dignidad igual de varón y mujer. «Cada uno de los dos sexos es, con una dignidad igual, aunque de manera distinta, imagen del poder y de la ternura de Dios» (CIC 2335). Corresponde a cada uno «reconocer y aceptar su identidad sexual» (CIC 2333).

¿Qué es la castidad y a qué nos llama este precepto?

La castidad es la integración lograda de la sexualidad en la persona, de modo que cuerpo y espíritu queden unificados. Este precepto nos llama a esa virtud como camino de amor.

El Catecismo la define con precisión: «La castidad significa la integración lograda de la sexualidad en la persona, y por ello en la unidad interior del hombre en su ser corporal y espiritual» (CIC 2337). Esa misma sexualidad «se hace personal y verdaderamente humana cuando está integrada en la relación de persona a persona, en el don mutuo total y temporalmente ilimitado del hombre y de la mujer» (CIC 2337).

La castidad no es, pues, una mera contención, sino una virtud que une: «entraña la integridad de la persona y la totalidad del don» (CIC 2337). Es «una virtud moral», pero «también un don de Dios, una gracia» (CIC 2345).

Párrafos clave del Catecismo sobre el sexto mandamiento
Párrafo Idea principal
CIC 2332 La sexualidad abraza todos los aspectos de la persona, en la unidad de cuerpo y alma.
CIC 2336 Se refiere a la globalidad de toda la sexualidad humana.
CIC 2337 La castidad es la integración lograda de la sexualidad en la persona.
CIC 2339 La castidad implica el aprendizaje del dominio de sí, pedagogía de la libertad.
CIC 2342 El dominio de sí es una obra que dura toda la vida.
CIC 2346 La castidad es una escuela de donación de la persona, ordenada al don de sí.
CIC 2348 Todo bautizado es llamado a la castidad, revestido de Cristo, modelo de toda castidad.

¿Cómo se crece en la integridad de la persona?

Se crece mediante el dominio de sí, aprendizaje paciente de la libertad que dura toda la vida. La persona casta conserva íntegras las fuerzas de vida y de amor que Dios ha puesto en ella.

El Catecismo lo explica con realismo: «La castidad implica un aprendizaje del dominio de sí, que es una pedagogía de la libertad humana. La alternativa es clara: o el hombre controla sus pasiones y obtiene la paz, o se deja dominar por ellas y se hace desgraciado» (CIC 2339). Por eso «la persona casta mantiene la integridad de las fuerzas de vida y de amor depositadas en ella» (CIC 2338).

Este camino no se recorre de una vez. «El dominio de sí es una obra que dura toda la vida» (CIC 2342) y tiene «unas leyes de crecimiento; éste pasa por grados marcados por la imperfección y, muy a menudo, por el pecado» (CIC 2343).

El Catecismo señala los medios: «el conocimiento de sí, la práctica de una ascesis adaptada a las situaciones encontradas, la obediencia a los mandamientos divinos, la práctica de las virtudes morales y la fidelidad a la oración» (CIC 2340). Como recuerda san Agustín, «la castidad nos recompone; nos devuelve a la unidad que habíamos perdido dispersándonos» (CIC 2340).

¿Por qué la castidad es una escuela del don de sí?

Porque el dominio de uno mismo no es un fin, sino que prepara para entregarse a los demás en el amor. Vivirla es aprender a amar con fidelidad y ternura.

El Catecismo lo expone así: «La caridad es la forma de todas las virtudes. Bajo su influencia, la castidad aparece como una escuela de donación de la persona. El dominio de sí está ordenado al don de sí mismo» (CIC 2346). Así, «la castidad conduce al que la practica a ser ante el prójimo un testigo de la fidelidad y de la ternura de Dios» (CIC 2346).

«La virtud de la castidad se desarrolla en la amistad» y «se expresa especialmente en la amistad con el prójimo» (CIC 2347). Forma parte, además, «de la virtud cardinal de la templanza» (CIC 2341).

¿Cómo se vive este precepto en cada estado de vida?

Todos los bautizados están llamados a la castidad, cada uno según su estado de vida. Se vive de modo distinto en el matrimonio, en la virginidad consagrada y en el celibato.

El Catecismo afirma con claridad: «Todo bautizado es llamado a la castidad. El cristiano se ha “revestido de Cristo” (Ga 3, 27), modelo de toda castidad» (CIC 2348). Y precisa que «todos los fieles de Cristo son llamados a una vida casta según su estado de vida particular» (CIC 2348).

Estos estados quedan recogidos por el texto. La castidad «debe calificar a las personas según los diferentes estados de vida: a unas, en la virginidad o en el celibato consagrado […]; a otras, de la manera que determina para ellas la ley moral, según sean casadas o célibes» (CIC 2349).

También los novios reciben una palabra serena: «Los novios están llamados a vivir la castidad en la continencia», viendo en ello «un aprendizaje de la fidelidad» (CIC 2350). Puedes profundizar con nuestra guía sobre la vocación al amor en el matrimonio. El texto íntegro está en el artículo del Catecismo sobre la castidad en el sitio oficial del Vaticano.

Preguntas frecuentes

¿Qué dijo Jesús sobre este mandamiento?

En el Sermón de la Montaña enseñó: «Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón» (CIC 2336). Es una llamada a la pureza del corazón.

¿La castidad es solo para quienes no están casados?

No. El Catecismo enseña que «las personas casadas son llamadas a vivir la castidad conyugal; las otras practican la castidad en la continencia» (CIC 2349).

¿Es normal caer y volver a empezar en este camino?

Sí. El Catecismo recuerda que la castidad «tiene unas leyes de crecimiento; éste pasa por grados marcados por la imperfección y, muy a menudo, por el pecado».

¿Quién nos ayuda a vivir la castidad?

El Espíritu Santo. El Catecismo afirma que la castidad es «un don de Dios, una gracia», y que el Espíritu concede «imitar la pureza de Cristo».

Si esta explicación sobre el sexto mandamiento te ha ayudado a comprender y vivir mejor la llamada a la castidad, {{CTA}}

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