«Perdona nuestras ofensas» es la quinta petición del Padrenuestro, y este artículo explica con el Catecismo qué pedimos y qué exige de nosotros. Lo hace con citas verbatim de los números 2838-2845 y un tono sereno y reverente.
¿Qué significa «perdona nuestras ofensas» en el Padrenuestro?
Significa reconocernos pecadores ante Dios y suplicar su misericordia, confiando en la redención de Cristo. Al decir «perdona nuestras ofensas» nos acercamos al Padre como hijos que vuelven a casa.
El Catecismo describe esa actitud con dos figuras del Evangelio: nos volvemos a Él «como el hijo pródigo» y nos reconocemos pecadores «como el publicano» (CIC 2839). Es una oración que brota de la humildad, no de la desesperación.
Por eso el texto precisa que esta súplica «empieza con una «confesión» en la que afirmamos, al mismo tiempo, nuestra miseria y su Misericordia» (CIC 2839). Y nuestra esperanza es firme porque, en su Hijo, «tenemos la redención, la remisión de nuestros pecados» (CIC 2839). Para situar esta súplica dentro del conjunto, puede leerse nuestra guía sobre el sentido completo del Padrenuestro.
¿Por qué el Catecismo dice que esta petición es sorprendente?
Porque une lo que pedimos a Dios con lo que nosotros debemos hacer primero. El Catecismo afirma sin rodeos: «Esta petición es sorprendente» (CIC 2838).
La razón es que tiene dos partes inseparables. Si solo dijéramos «perdona nuestras ofensas», explica el texto, esta súplica «podría estar incluida, implícitamente, en las tres primeras peticiones de la Oración del Señor, ya que el Sacrificio de Cristo es «para la remisión de los pecados»» (CIC 2838).
Pero hay un segundo miembro de la frase que lo cambia todo. El Catecismo advierte: «nuestra petición no será escuchada si no hemos respondido antes a una exigencia» (CIC 2838). Pedir el perdón nos compromete a la vez a darlo.
¿Qué condición impone la palabra «como»?
Impone que pidamos ser perdonados en la misma medida en que nosotros perdonamos. El Catecismo lo resume en una sola palabra que ata las dos partes de la petición.
El texto lo dice con precisión: «Nuestra petición se dirige al futuro, nuestra respuesta debe haberla precedido; una palabra las une: «como»» (CIC 2838). Ese «como» no es un detalle, sino la clave de toda la quinta petición.
Tampoco es un «como» aislado en el Evangelio. El Catecismo recuerda otros usos del Señor: «Sed misericordiosos, «como» vuestro Padre es misericordioso» (CIC 2842), y nos invita a «perdonándonos mutuamente «como» nos perdonó Dios en Cristo» (CIC 2842). No se trata de imitar desde fuera un modelo, sino de participar «del fondo del corazón» en la misericordia de Dios (CIC 2842).
| Párrafo | Idea principal |
|---|---|
| CIC 2838 | La petición es sorprendente: tiene dos partes que une la palabra «como»; no será escuchada sin una respuesta previa. |
| CIC 2839 | Nos reconocemos pecadores como el hijo pródigo y el publicano; en Cristo tenemos la redención y la remisión de los pecados. |
| CIC 2840 | La misericordia del Padre no penetra en el corazón mientras no hayamos perdonado a quienes nos han ofendido. |
| CIC 2841 | Es la única petición que el Señor explicita en el Sermón de la Montaña; imposible para el hombre, pero «todo es posible para Dios». |
| CIC 2842 | El «como» pide una participación vital en la santidad y la misericordia de Dios por obra del Espíritu Santo. |
| CIC 2843 | El corazón ofrecido al Espíritu cambia la herida en compasión y transforma la ofensa en intercesión. |
| CIC 2844 | El perdón es cumbre de la oración cristiana y condición de la reconciliación; da testimonio de que el amor es más fuerte que el pecado. |
| CIC 2845 | No hay límite ni medida en este perdón, esencialmente divino; se vive en la oración y en la Eucaristía. |
¿Por qué tenemos que perdonar a los demás para ser perdonados?
Porque el corazón que no perdona se cierra a la misericordia que pide. El Catecismo lo expresa con una imagen exigente.
El texto advierte: «lo temible es que este desbordamiento de misericordia no puede penetrar en nuestro corazón mientras no hayamos perdonado a los que nos han ofendido» (CIC 2840). El perdón recibido y el perdón dado son inseparables.
La razón es teológica, no sentimental: «El Amor, como el Cuerpo de Cristo, es indivisible» (CIC 2840). Al negarnos a perdonar, dice el Catecismo, «el corazón se cierra, su dureza lo hace impermeable al amor misericordioso del Padre» (CIC 2840).
Esta exigencia es tan central que es la única sobre la que el Señor «vuelve y explicita en el Sermón de la Montaña» (CIC 2841). Quien quiera profundizar en esta actitud puede apoyarse en nuestra guía sobre cómo crecer en la oración cristiana.
¿Es posible perdonar las ofensas más graves?
Por nuestras solas fuerzas, no; con la gracia de Dios, sí. El Catecismo reconoce abiertamente la dificultad antes de dar la respuesta.
El texto admite que «esta exigencia crucial del misterio de la Alianza es imposible para el hombre», pero añade enseguida: «»todo es posible para Dios»» (CIC 2841). El perdón cristiano no es fruto de la voluntad sola, sino del Espíritu Santo.
De hecho, el Catecismo distingue entre el sentimiento y la decisión: «No está en nuestra mano no sentir ya la ofensa y olvidarla» (CIC 2843). Lo que sí está a nuestro alcance es ofrecer la herida a Dios.
Y entonces ocurre la transformación: «el corazón que se ofrece al Espíritu Santo cambia la herida en compasión y purifica la memoria transformando la ofensa en intercesión» (CIC 2843). Así, hasta el perdón de los enemigos se vuelve posible (CIC 2844).
¿Tiene límite el perdón que pedimos y que damos?
No: el Catecismo enseña que «no hay límite ni medida en este perdón, esencialmente divino» (CIC 2845). Quien dice de verdad «perdona nuestras ofensas» se compromete a un perdón sin cálculo.
El texto recuerda que somos siempre deudores: «»Con nadie tengáis otra deuda que la del mutuo amor»» (CIC 2845). El perdón, por tanto, no es un gesto excepcional, sino el clima permanente del cristiano.
El Catecismo señala además dónde se vive sobre todo este perdón: «en la oración y sobre todo en la Eucaristía» (CIC 2845). Por eso enseña que «el perdón es cumbre de la oración cristiana» y «la condición fundamental de la reconciliación» (CIC 2844).
Y le atribuye un valor de testimonio para el mundo entero: el perdón «da testimonio de que, en nuestro mundo, el amor es más fuerte que el pecado» (CIC 2844). El texto completo de esta petición puede consultarse en el artículo del Catecismo sobre las peticiones del Padrenuestro en el sitio oficial del Vaticano.
Preguntas frecuentes
¿Perdonar significa olvidar la ofensa?
No necesariamente. El Catecismo precisa que «no está en nuestra mano no sentir ya la ofensa y olvidarla»; lo propio del cristiano es ofrecer esa herida al Espíritu Santo para que la transforme en intercesión.
¿Qué número del Catecismo afirma que esta petición es la única que Jesús explica?
El número 2841 enseña que es la única sobre la cual el Señor «vuelve y explicita en el Sermón de la Montaña», por su importancia decisiva.
¿Por qué se dice también «perdona nuestras deudas»?
Porque el Evangelio usa varias palabras para la misma realidad. El Catecismo recuerda que se habla de «ofensas», de «pecados» o de «deudas», y que de hecho «nosotros somos siempre deudores» del mutuo amor.
¿Dónde se vive de manera especial este perdón?
En la oración y, sobre todo, en la Eucaristía, según el Catecismo. Allí la reconciliación con Dios y con los hermanos alcanza su expresión más plena.
Si este recorrido por la oración «perdona nuestras ofensas» te ayuda a abrir el corazón a la misericordia, {{CTA}}