«Santificado sea tu Nombre» es la primera petición que Jesús nos enseña en el Padre Nuestro, y este artículo aclara qué pedimos realmente con ella. Verás su sentido bíblico, su fundamento en el Catecismo y cómo vivirla cada día.
¿Qué significa «santificado sea tu nombre»?
Pedir «santificado sea tu nombre» significa reconocer a Dios como santo y tratarle de una manera santa, no hacerle santo nosotros. El Catecismo lo precisa con claridad: el término santificar no se entiende aquí en sentido causativo, sino estimativo.
Lo afirma así literalmente: «El término «santificar» debe entenderse aquí, en primer lugar, no en su sentido causativo (solo Dios santifica, hace santo) sino sobre todo en un sentido estimativo: reconocer como santo, tratar de una manera santa» (CIC 2807).
Por eso, en la adoración, esta invocación funciona a veces como alabanza y acción de gracias. Pero es, sobre todo, un deseo profundo y un proyecto en el que Dios y el hombre se comprometen juntos.
¿Por qué es la primera petición del Padre Nuestro?
Es la primera petición porque nos sumerge de entrada en el misterio de Dios y en el drama de nuestra salvación. Desde ella entramos en el designio amoroso del Padre sobre la humanidad.
El Catecismo enseña que esta súplica «nos implica en «el benévolo designio que Él se propuso de antemano» (Ef 1, 9) para que nosotros seamos «santos e inmaculados en su presencia, en el amor» (Ef 1, 4)» (CIC 2807). No pedimos algo añadido, sino aquello de lo que todo depende.
Más aún, esta petición tiene un alcance único entre las siete. Como recuerda el Catecismo, «Esta petición, que contiene a todas, es escuchada gracias a la oración de Cristo, como las otras seis que siguen» (CIC 2815).
¿Cómo ha revelado Dios su Nombre en la historia?
Dios ha revelado su Nombre progresivamente, realizando a la vez su obra de salvación. Su santidad es, en palabras del Catecismo, «el hogar inaccesible de su misterio eterno» (CIC 2809).
El recorrido bíblico que traza el texto es ordenado y concreto. Estos son los párrafos clave del Catecismo sobre esta revelación:
| Párrafo (CIC) | Idea central |
|---|---|
| 2807 | Santificar es reconocer a Dios como santo, en sentido estimativo, no causativo. |
| 2809 | La santidad de Dios es el misterio que se manifiesta como Gloria en la creación y la historia. |
| 2810 | Dios revela su Nombre desde Abrahán y Moisés y consagra a su pueblo como nación santa. |
| 2812 | El Nombre santo se revela y se da en la carne, en Jesús, como Salvador. |
| 2813 | En el bautismo somos santificados y llamados a perseverar en la santidad. |
Al crear al hombre a su imagen, Dios «lo corona de gloria» (Sal 8, 6); pero al pecar, el hombre queda «privado de la Gloria de Dios» (Rm 3, 23). Desde entonces, Dios manifiesta su santidad dando su Nombre para restituir al hombre «a la imagen de su Creador» (Col 3, 10).
Empieza a revelarlo a Moisés y lo manifiesta salvando a su pueblo de los egipcios. Desde la Alianza del Sinaí, ese pueblo es «suyo» y debe ser una «nación santa» (cf. Ex 19, 5-6), porque el Nombre de Dios habita en él. Puedes profundizar en este itinerario en nuestra guía sobre la oración del Padre Nuestro.
¿Qué papel tiene Jesús en la santificación del Nombre?
Jesús es quien revela y santifica plenamente el Nombre del Padre, dándolo en su propia carne. En Él, el Nombre de Dios Santo se nos ha entregado como Salvador.
El Catecismo lo sitúa en el centro de la oración sacerdotal de Cristo: «»Padre santo… por ellos me consagro a mí mismo, para que ellos también sean consagrados en la verdad» (Jn 17, 19)» (CIC 2812). Jesús manifiesta el Nombre del Padre porque Él mismo lo santifica.
Al terminar su Pascua, el Padre le da «el Nombre que está sobre todo nombre: Jesús es Señor para gloria de Dios Padre» (cf. Flp 2, 9-11). Por eso nuestra oración es verdaderamente nuestra cuando se hace «en el Nombre» de Jesús. Para entender este vínculo puedes leer también sobre cómo orar en el nombre de Jesús.
¿Cómo se santifica el Nombre de Dios en nuestra vida?
El Nombre de Dios se santifica en nosotros cuando vivimos según la santidad recibida en el bautismo. Pedir «santificado sea tu nombre» compromete, pues, toda nuestra existencia.
El Catecismo recuerda que en el agua del bautismo hemos sido «lavados […] santificados […] justificados en el Nombre del Señor Jesucristo» (1 Co 6, 11), y que a lo largo de la vida el Padre «nos llama a la santidad» (1 Ts 4, 7). De ahí que sea «cuestión de su Gloria y de nuestra vida el que su Nombre sea santificado en nosotros y por nosotros» (CIC 2813).
Esta santificación es una tarea diaria y constante. Para vivirla, conviene tener presente lo siguiente:
- Perseverar en el bautismo: pedir cada día perseverar «en lo que hemos comenzado a ser», como enseña San Cipriano (CIC 2813).
- Purificar el pecado: recurrir a la oración «para que esta santidad permanezca en nosotros», porque faltamos diariamente.
- Dar testimonio: recordar que «si nosotros vivimos bien, el nombre divino es bendecido; pero si vivimos mal, es blasfemado» (CIC 2814).
¿Pedimos que sea santificado solo en nosotros?
No: pedimos que el Nombre de Dios sea santificado en todos los hombres, no únicamente en nosotros. La petición tiene una dimensión universal y misionera.
El Catecismo cita a Tertuliano para explicarlo: «no decimos expresamente: Santificado sea tu Nombre «en nosotros», porque pedimos que lo sea en todos los hombres» (CIC 2814). Oramos también por aquellos a quienes la gracia de Dios espera todavía, incluidos los enemigos.
Por eso depende «inseparablemente de nuestra vida y de nuestra oración que su Nombre sea santificado entre las naciones» (CIC 2814). Esta súplica, escuchada por la oración de Cristo, abre nuestro corazón al mundo entero. Puede consultarse el texto completo en el Catecismo en la web del Vaticano.
Preguntas frecuentes
¿«Santificado sea tu Nombre» es una alabanza o una petición?
Es ambas cosas. En la adoración funciona como alabanza y acción de gracias, pero Jesús la enseña sobre todo como una petición que se desea profundamente.
¿Por qué Dios necesita que santifiquemos su Nombre si ya es santo?
Dios no lo necesita para sí; es santo en plenitud. Pedimos santificarlo en sentido estimativo, es decir, reconocerlo y honrarlo con nuestra vida y nuestra oración.
¿Qué relación tiene esta petición con el bautismo?
En el bautismo fuimos santificados en el Nombre del Señor Jesucristo. Esta petición nos pide perseverar y crecer cada día en esa santidad recibida.
¿Dónde aparece esta petición en el Catecismo?
Se explica en los párrafos 2807 a 2815, dentro del comentario al Padre Nuestro y como primera de las siete peticiones.
Si esta primera petición ha avivado tu deseo de orar mejor, da el siguiente paso. {{CTA}}