La creación es, según el Catecismo, la obra por la que el Dios eterno da principio a todo lo que existe fuera de Él. En este artículo respondemos las preguntas más habituales sobre qué significa que Dios sea Creador, por qué se dice que creó «de la nada», con qué fin lo hizo y qué lugar ocupa el ser humano. La intención es ofrecer una guía clara y fiel a lo que enseña la fe, citando en cada caso los números del Catecismo correspondientes.
En esta página
- ¿Qué enseña el Catecismo sobre la creación?
- ¿Por qué solo Dios es Creador?
- ¿Qué significa crear «de la nada»?
- ¿Creó Dios el mundo por sabiduría o por azar?
- ¿Con qué fin creó Dios el mundo?
- ¿Qué lugar tiene el ser humano en la creación?
- Preguntas frecuentes
¿Qué enseña el Catecismo sobre la creación?
La creación es la verdad con la que comienza la sagrada Escritura: «En el principio, Dios creó el cielo y la tierra» (CIC 279). El Símbolo de la fe recoge estas palabras confesando a Dios Padre Todopoderoso como Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible (CIC 279).
El Catecismo explica que en estas primeras palabras se afirman tres cosas: que el Dios eterno ha dado principio a todo lo que existe fuera de Él, que solo Él es creador, y que la totalidad de lo que existe depende de Aquel que le da el ser (CIC 290).
¿Por qué solo Dios es Creador?
Solo Dios es Creador porque el verbo «crear» tiene siempre por sujeto a Dios, y nada de lo que existe se da el ser a sí mismo (CIC 290). Toda la realidad, expresada con la fórmula «el cielo y la tierra», depende por completo de Él.
Esto distingue la acción creadora de cualquier obra humana. El hombre transforma y ordena lo que ya existe, pero solo Dios hace que exista lo que antes no era. Por eso la fe reconoce en cada criatura un don recibido, no una posesión autónoma.
¿Qué significa crear «de la nada»?
Crear «de la nada» significa que Dios no necesita nada preexistente ni ninguna ayuda para crear (CIC 296). La creación no es una emanación necesaria de la sustancia divina, sino un acto por el que Dios da el ser sin partir de una materia anterior (CIC 296).
El Catecismo subraya que esto manifiesta el poder y la libertad de Dios. No está condicionado por nada exterior a sí mismo, de modo que el mundo no es ni una prolongación de Dios ni el resultado de un material que ya estuviera ahí.
¿Creó Dios el mundo por sabiduría o por azar?
El Catecismo enseña que Dios creó el mundo según su sabiduría, y que este no es producto de una necesidad cualquiera, de un destino ciego ni del azar (CIC 295). La creación procede de la voluntad libre de Dios, que ha querido hacer participar a las criaturas de su ser, de su sabiduría y de su bondad (CIC 295).
Así, el mundo tiene sentido y orden porque brota de una inteligencia y un amor, no de la casualidad. Esta confianza en un origen sabio sostiene la mirada creyente sobre la realidad.
¿Con qué fin creó Dios el mundo?
El Catecismo afirma como verdad fundamental que «el mundo ha sido creado para la gloria de Dios» (CIC 293). Esta gloria no consiste en un aumento para Dios, sino en la manifestación y comunicación de su bondad a las criaturas.
Por eso el fin de la creación es que Dios comunique su bondad, su verdad y su belleza. Puedes relacionar este tema con la confesión de fe leyendo nuestra guía sobre qué es el Credo, donde se profesa a Dios como Creador, y comprender mejor a quién se dirige esa alabanza en el artículo sobre la Santísima Trinidad.
¿Qué lugar tiene el ser humano en la creación?
El ser humano ocupa un lugar singular, pues la obra creadora está ordenada y jerarquizada por la sabiduría de Dios, y el hombre es llamado a reconocer en ella el don de su Creador (cf. CIC 299). La respuesta del hombre a este don se expresa de modo eminente en la alabanza y la oración.
Para profundizar en esa respuesta, puedes leer qué es la oración según el Catecismo. La criatura humana está invitada a custodiar y agradecer lo recibido, viviendo en relación con quien le da el ser.
El Catecismo recuerda además que la obra creadora no es un acontecimiento del pasado que ya quedó atrás, sino que Dios sostiene y mantiene en el ser a todo lo que ha hecho. Sin este sostenimiento continuo, las criaturas volverían a la nada. Reconocer esto ayuda al creyente a vivir con gratitud y confianza, sabiendo que su existencia y la del mundo entero se apoyan en cada instante en la bondad de Dios.
Tabla de referencia del Catecismo
| Tema | Número del Catecismo (CIC) |
|---|---|
| «En el principio, Dios creó el cielo y la tierra» | CIC 279 |
| Solo Dios es creador | CIC 290 |
| El mundo creado para la gloria de Dios | CIC 293 |
| Creación según la sabiduría y voluntad libre de Dios | CIC 295 |
| Creación «de la nada» | CIC 296 |
| Orden y jerarquía de la creación | CIC 299 |
Fuente magisterial: puedes consultar el texto íntegro del Catecismo en el sitio oficial de la Santa Sede, Catecismo de la Iglesia Católica (vatican.va).
Preguntas frecuentes
¿La creación se opone a la ciencia?
El Catecismo habla del origen último del ser, no de un mecanismo científico: afirma que todo depende de Dios, que da el ser a cuanto existe (CIC 290).
¿Qué quiere decir «de la nada»?
Que Dios no parte de ninguna materia preexistente ni necesita ayuda alguna para crear (CIC 296).
¿Por qué creó Dios el mundo?
Para su gloria, es decir, para manifestar y comunicar su bondad a las criaturas (CIC 293).
¿Fue el mundo fruto del azar?
No. Procede de la voluntad libre y sabia de Dios, no de un destino ciego ni de la casualidad (CIC 295).
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